Esta semana publicamos el informe que ha elaborado Unicef sobre la situación de los menores inmigrantes. Esos que llamamos MENA, que otros dulcifican con la etiqueta de ‘niños de la calle’. En dicho informe la entidad hablaba sobre los recursos con los que cuenta la Ciudad, la situación en que se encuentran los menores, ahondaba en los motivos que les lleva a estar en las calles... en definitiva, ofrecía un perfil sobre lo que han visto durante meses de trabajo. El contenido se publicó en muchos medios de comunicación. El objetivo del informe no era otro que valorar lo que se hace bien y aportar recomendaciones sobre lo que se puede mejorar para atender una situación, la de la inmigración infantil y adolescente, que va a ir a más.
¿Saben cuáles fueron los comentarios que podían leerse en los foros de las ‘redes suciales’? Se lo pueden imaginar: insultos, ataques, mensajes incendiarios e incluso delictivos... Odio puro y duro. Dudo que quienes dejaban ese tipo de mensajes hubieran leído el informe íntegro, dudo que analizaran lo que se les estaba diciendo... se lanzaron al click enfermizo de quien ni tan siquiera se ha parado a intentar entender una realidad. Es triste. Bastante. Porque la degeneración de pensamiento y de corazón a la que estamos asistiendo supone un gran fracaso social y generacional absoluto que va a ir a peor. Si uno es capaz de defender en redes sociales conductas agresivas hacia menores, ¿se imaginan cómo actuarían al verse en situaciones extremas? Que tengamos un problema de inseguridad, que las administraciones no hayan hecho sus deberes a tiempo y ahora asistamos a una situación desbordada nunca pueden ser justificantes de unos mensajes de odio, de un canal de radicalismo que nos deja en un muy mal lugar a todos nosotros como sociedad.
Dudo que todos aquellos que dejaban esos mensajes extremos hayan leído siquiera el informe
Y lo peor es que somos incapaces de reaccionar. No hemos puesto topes a una cadena de despropósitos que alimenta el odio y que se crece en un ambiente de bulos y falsedades que alimenta, nutre y engorda determinados pensamientos políticos extremistas.
No acierto a ver dónde estará el punto y final si es que existe. No sé en qué momento seremos capaces de deternos y situar el corazón de nuevo en el camino. Hoy por hoy solo hay odio, sobran generalizaciones cómodas y abunda una negatividad que supone todo un fracaso. Me temo que el futuro que se avecina es igual de incierto que el actual. La inteligencia decidió escapar.






Por supuesto que hay que parar la marroquinizacion de Ceuta y todo lo que esta acarrea, Mena entre otros.
Pero nos gusten o no, aunque molesten, aunque incluso puedan ser un peligro, son infantes y hay que protegerlos en acuerdo con las consignas de la ONU. Y cualquier pais civilizado tiene el deber y el honor de protegerlos. El deber moral no admite exepciones afectivas o ideologicas.
Vistas las sandeces inhumanas que se profieren habitualmente puedo decir que con la edad veo cada vez menos de cerca pero a los imbéciles los veo venir de lejos.
El ADN tardofranquista (y tambien islamico) que muchos habitantes abylenses llevan en sus cromosomas se traduce en una sola solucion: dar palos.