El cine tiene el gran poder, y a veces responsabilidad, que diría Spider-Man, de contar y recontar la historia. Incluso a veces, como la que se le plantea Alejandro Amenábar a sí mismo con esta producción, la oportunidad de rellenar huecos de la historia que se mantenían desconocidos o menos relatados por el motivo que fuese.
La ingeniosa idea de poner el centro de atención en los años que Miguel de Cervantes pasó como soldado en Argel, capturado por corsarios árabes tras cuatro años en Nápoles después de participar en la Batalla de Lepanto, donde perdió el movimiento en el brazo izquierdo, da de sobra para una película de aventuras. Aventuras carcelarias, para ser más concretos, aunque el reputado realizador de Tesis, Mar adentro, Ágora, Los otros, o Mientras dure la guerra, entre otras, podría haberse sacado de la chistera un relato mucho más épico y espectacular. Amenábar pierde una gran oportunidad de abordar a uno de los nombres de mayor calado en la historia de España, y el autor de la obra más universal, desde la óptica del soldado joven en una época de Imperio y poderío militar. Apellidos todos de cine “aventuresco”.
Nadie nos dice que la estancia de Cervantes en Argel fuese la de un héroe resiliente, ni tampoco que resistiera el cautiverio como un valiente. Tampoco es de la incumbencia del respetable, sólo faltaba, el uso que el autor del Quijote le pudo dar a su propia sexualidad o con quien gustaba de acostarse el hombre, aunque en la trama de esta cinta se convierta en pieza importante del devenir de los acontecimientos. Pero el hecho es que tanto la figura protagonista, por todo y por la falta de un toque de magnetismo por parte de su esforzado actor principal, como unos escenarios casi por completo en poco lucido recinto cerrado por motivos obvios, mezclado con una pulcra pero algo desangelada puesta en escena da la sensación de que una película entretenida y atractiva se ha quedado a medias entre el intimismo y la epopeya dejando el sabor de ocasión desperdiciada.
Y no reside en el desconocido Julio Peña toda la respuesta a la falta de gancho de los personajes, puesto que a excepción de un magnífico Miguel Rellán, el resto del elenco tampoco parece llegar a cogerle la temperatura a la película.
Es verdad que la historia no pertenece a nadie, que nos llega sin duda edulcorada por muchos motivos y que este Cervantes que Amenábar cree el más verosímil dadas las circunstancias de la época pudo haberse parecido al real más que otros. Sin embargo, como espectador, uno bien puede echar de menos en una revisión cinematográfica de la figura del más grande escritor que han dado las letras un tanto extra de fábula si fuese necesario para conectar con la historia y los protagonistas de manera que uno saliese del cine en su momento o de Netflix desde hace pocos días, con mayor sensación de haber pasado un buen rato, que a fin de cuentas de eso va el negocio…
Puntuación: 4
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