Me aficioné al Realismo Mágico cuando tuve la suerte de que mi hermana me hablara de ‘Cien años de soledad’. Sus recomendaciones literarias han jalonado mi vida pues ella, mi hermana del alma, conoce bien mis entresijos vitales y siempre ha tenido una novela que darme para soportar la soledad y el desánimo; pero también la denuncia, el compromiso y la lucha para empatizar con gente anónima que está a nuestro lado a miles de kilómetros de distancia.
La literatura define el Realismo mágico como una tendencia artística y literaria que consiste en representar fielmente la realidad y crear cierta tensión emocional sin llevar a cabo ninguna idealización.
Se caracteriza por la inclusión de elementos fantásticos en la narración, con lo que se pretende profundizar en la realidad a través de lo mágico que hay en ella.
Y así, en este paradigma de pandemia, habitamos lo absurdo, el desconcierto cotidiano al que vamos acostumbrándonos en una retahíla de despropósitos a los que damos el amén sin más en vez de actual cual "niña del exorcista" en una rebeldía con causa.
Pido cita en hacienda para impuestos concienciado sobre el sentido social que tiene el fisco. Me hacen volver después de una somanta de riñas por ignorar de qué manera se rellenan los impresos. Vuelvo a rellenar y a pagar. Me dice el señor de seguridad que hace las veces de cancerbero que tengo que volver a pedir cita. Le reitero que es entregar documentación en registro y que en el mismo Registro me ordenaron que dejara los papeles en la entrada. Discuto con el guardia de seguridad y le pido un impreso para realizar una reclamación a lo que me responde que para ello también debo pedir cita: " Estamos en pandemia".
Comienzan las clases con más de 30 alumnos, apelotonados en la cercanía del espacio, pero para cualquier gestión financiera en los bancos debemos entrar de uno de uno en uno.
Subo en el autobús hasta los topes, los viajeros gritan al conductor aterrados... Pero los médicos nos reciben por teléfono.
Medidas de seguridad Covid para acceder al helicóptero, una vez dentro prácticamente nos sentamos unos encima de otros.
Cualquier gestión cotidiana es sometida al rigor del protocolo pandémico, luego veremos las calles de bote en bote, los bares hasta los topes, las fiestorras del botellón celebrando al invicto virus y brindando por él.
Así es esta Ceuta hermanada con Macondo en la que Almodóvar, cuando lea esta pequeña reflexión, vendrá a rodar una de sus películas.
Ahora mismo, voy a pedir cita al Ayuntamiento para el Padrón, me han dicho que tarda unas semanas; son las medidas Covid, hay que entenderlo.






