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Realidades y obsesión

 El pasado fin de semana publicábamos las estadísticas sobre la delincuencia que, en Ceuta, protagonizan los menores.

Sabíamos que la publicación de esos datos iba a causar una reacción muy concreta entre algunos. Decir que la mayor parte de la delincuencia es protagonizada por menores de Ceuta y no por los estigmatizados MENA escuece. Tanto es así, que hay quienes son capaces de ir contra las estadísticas oficiales, negar la realidad y arremeter contra unos hechos porque esos resultados no casan con su forma de razonar. No interesa saber la verdad, interesa que nadie altere los cuatro pensamientos que damos como válidos aunque en el fondo sean falsos. Los delitos más graves que se han cometido en los últimos años y que han sido protagonizados por menores no han tenido, precisamente, a los MENA de protagonistas. Los robos de motocicletas, los de ordenadores o los atracos a punta de navaja que están proliferando tienen un perfil que nada se ajusta al de los Menores Extranjeros No Acompañados. La tasa de reincidencia en el delito arroja el mismo resultado y sitúa el perfil de quien repite en el mismo lado de la balanza. Hasta ahí llega la lectura de una realidad que puede ser asimilada como tal o no. Nadie dijo que fuera fácil derribar muros, cuando éstos están tan fuertemente asentados que eliminarlos supondría entender que urge una pequeña revolución social. De hecho los avances se consiguen a golpe de pequeñas revoluciones, de sarpullidos sociales que vienen bien cuando los fósiles mentales no quieren saber más allá de lo que aprendieron sin preguntarse jamás el porqué de sus conclusiones. Sorprende que entre quienes nieguen la realidad y gusten de estigmatizar o criminalizar a quien no deben haya personas que, por su supuesta formación o ámbito laboral, está obligado a no efectuar determinados tipos de razonamiento. Cada uno puede elegir su camino. Hay quienes han dedicado años enteros a emborronar hojas y hojas, plasmando negro sobre blanco, apreciaciones falsas sobre los inmigrantes. Lo hacían mientras tenían... ¿cómo la llaman...?, sí, su muchacha, sin asegurar, haciéndole de comer y criando a sus propios hijos (bipolaridad interesada convertida ya en una enfermedad tan asentada que hace que estos ‘ejemplares’ hagan distingos según conveniencias). Nadie dijo que luchar contra esa visión de la realidad fuera fácil. Pero tampoco que, en algunos casos, fuera un imposible.

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