Me dirijo a ustedes para hacerles llegar mi indignación, impotencia y tristeza ante los hechos acaecidos en la tarde de hoy, en el partido de fútbol de la categoría Benjamín, celebrado en el estadio Benoliel entre C.D Puerto B y Unión Deportiva Ceuta, a las 18:00 horas.
Hoy he sido espectador de un circo dantesco por parte del árbitro que dirigió este encuentro, partido de la categoría Benjamín, menores de edad, entre 8 y 9 años, por ser más concretos; reseño esto último, para resaltar la gravedad del trato vejatorio que han recibido los jugadores, de parte del colegiado arbitral.
Un titular periodístico “Agresión a un árbitro en el Puerto B -UD Ceuta” (publicado en torno a las 20:00h), dista mucho de ser real, el supuesto “agredido” no lo ha sido. Me explico: Para cualquier lector no deja de ser el sensacionalismo fácil de padres enfurecidos que incita a la violencia en el deporte y no es así, paradójicamente el “Juez” arbitral ha ejercido violencia verbal contra estos menores: llamadas de atención usando gestos malsonantes, desaires continuos y omisión de socorro a un jugador que estaba tendido en el césped llorando (por desgracia mi hijo, con unos tacos clavados en el hombro y pidiendo ayuda; no pasa nada, porque entiendo que es un deporte de contacto) La debacle continua cuando saca tarjeta roja a los mismos menores que exigían el paro del juego para auxiliar al compañero herido; expulsó a dos jugadores.
Lo expuesto hasta aquí puede formar parte de este deporte tan polémico e incontrolable, pero lo que no deben es consentir la falta de deportividad, justicia e incluso valores ético-morales que mostró el citado árbitro (seguramente también menor de edad) cuando el entrenador del C.D. Puerto “B”, una vez concluido el evento fue a pedir explicaciones.
Puedo ASEGURAR Y ASEGURO, poniendo a vuestra disposición cuanta información o datos personales necesiten, que NUNCA existió agresión física alguna, este árbitro cayó al suelo sin ser golpeado (ahí lo dejo…) ¡Empieza la función!: Samur atendiendo un no sé qué del árbitro, niños corriendo despavoridos llorando, padres angustiados… y lo peor de todo: el entrenador del Puerto agredido en un oído.
Qué paradoja que el que imparte justicia, no sólo haga un arbitraje pésimo (justificable por un error humano, falta de experiencia, mala suerte…), sino que protagonizase una “falsa” agresión delante de tantos espectadores, la inmensa mayoría menores.
Quiero pensar que todos los valores positivos de: deportividad, tolerancia y respeto… que aparecen en los eslóganes de los campos de la Federación, son los paradigmas que seguimos la inmensa mayoría de nuestra gran familia del fútbol; espero que esto sea un hecho aislado; detrás de un silbato se presupone, además de justicia, otros muchos valores que hoy han estado ausentes. Hoy ha ganado la mentira, hoy hemos perdido todos.
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