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“Ratas, basura e inmigrantes” ‘asaltan’ el Castillo de San Amaro

Testigo de trascendentales hitos históricos en el devenir de la ciudad, el Castillo de San Amaro recibe el nombre de la playa en la que Juan I de Portugal desembarcó en 1.415, fecha en la que los cronistas sitúan la incorporación temprana de Ceuta a la edad moderna.

Este patrimonio arquitectónico local, cuya rehabilitación la Consejería de Fomento tiene entre sus previsiones de futuro, se encuentra en un progresivo estado de deterioro desde que se construyera en la segunda mitad del siglo XVII. Pero no es el único problema que presenta ya que, como denuncian de forma pública los vecinos, “las ratas, la basura y los inmigrantes” ha tomado la fortaleza.
A través de esta construcción, seis vecinos de San Amaro acceden a sus viviendas, en las inmediaciones de la playa. Los residentes explican que, desde hace un año, cuando el último inquilino abandonó el castillo, padecen el “abandono” por parte de las autoridades. “Han hecho caso omiso a nuestras peticiones durante 12 meses”, lamentaron. La comunidad negó que quiera la rehabilitación inmediata del Castillo, aunque reconoció que la Ciudad Autónoma “debería adecentarlo” ya que se sienten como “ciudadanos de tercera”.
“La Consejería de Medio Ambiente, Servicios Comunitarios y Barriadas y la de Fomento se tiran la pelota y nadie mueve un dedo por nosotros”, criticaron. “En Barriadas nos dicen que tienen el personal necesario pero sigue sin hacer nada”, lamentaron.
Solo con entrar en la edificación puede comprobarse a qué se referían los vecinos al definir el estado de la zona como “tercermundista”: botellas, envases y el suelo plagado de cáscaras de pipas “solo de la madrugada anterior, cuando hicieron botellón como cada noche; y ya hemos limpiado la mayor parte esta mañana”, comentaron los usuarios de este paso. A continuación, apuntaron hacia un cuartillo construido por el último habitante de la fortaleza en el que se acumulan los desperdicios, por lo que solicitan a la Ciudad Autónoma su derribo para erradicar este “vertedero”. “En la Consejería de Barriadas  nos dicen que forma parte del patrimonio cultural de la ciudad y que no pueden hacer nada”, explicaron. Sin embargo, le rectificó el vecindario, “el último habitante del Castillo levantó ese tabique recientemente porque necesitaba un espacio donde criar a sus pájaros, no forma parte de la fortaleza original y puede comprobarlo”.
La limpieza “brilla por su ausencia”, sentenciaron los vecinos, quienes defienden la labor del operario asignado a su zona pero critican que la empresa adjudicataria del servicio “le retire un jueves y ya no aparezca por la zona hasta el lunes con un fin de semana por delante en el que muchos vienen a hacer botellón”. Por este motivo, solicita a la Ciudad que inste a Trace a acudir a barrer y baldear con más asiduidad.
Las quejas del vecindario continúan unos metros más abajo, hacia el arco que conduce a las escaleras que conectan con sus hogares. Hace un año, una puerta metálica cubría la entrada a la vivienda deshabitada en la fortaleza. Un individuo, relataron los residentes en los alrededores, ocupó la casa de forma irregular e instaron a la administración a su desalojo ya que desconocían sus intenciones. “La mayoría de las personas que vivimos aquí somo mayores y temíamos que pudiera ocurrir cualquier cosa”, reconocieron.
En aquella ocasión, señalaron, las autoridades respondieron a su solicitud pero, tras tapiar la puerta, los ‘okupas’ regresaron y abrieron un agujero por el que se volvieron a colar en el interior. Por segunda vez, tuvieron que sellar la entrada.
Pese a esta medida preventiva, el Castillo de San Amaro, lugar de interés histórico, “continúa dando cobijo a indocumentados”, revelaron los vecinos. En mitad de la noche, narraron, los inmigrantes acceden al interior de la edificación escalando por las ruinas de una casa cuyo techo fue derribado hace años. “Pasan la noche dentro y a las 7.00 de la mañana salen. Ya hemos llamado en tres ocasiones a la Policía Nacional por este motivo”, aseguraron. La única solución que encuentran es que las fuerzas de seguridad presten mayor atención a esta parte de la barriada.
En un recoveco de esas mismas ruinas, a la vista de cualquiera, se encontraban ayer unos cartones y un cojín. “Aquí viene hasta a hacer el amor”, indicó otro de los vecinos. Asimismo, solicitan a la Consejería de Sanidad que acuda el Servicio de Control de Plagas  por la abundancia de ratas en el Castillo.   

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