Cuando los GEAS de la Guardia Civil fueron alertados para recoger su cuerpo sin vida en la zona del Sarchal, en Ceuta, se toparon con la constatación de que ese cadáver, el número 25 del año, era el de un niño.
Solo horas después tenían que enfrentarse a otra imagen similar a la altura de las mil escaleras, en el Recinto. Era el número 26. Hasta para hablar de tragedias se tira de estadística.
Habrá que esperar los resultados de la autopsia, pero ya se ha activado la maquinaria para intentar saber quiénes son esos niños.
Lograrlo es alcanzar una meta que para la Guardia Civil supone el cumplimiento de otro reto más: poder dar consuelo a sus familias, que al menos sepan dónde están sus hijos.
Uno de ellos, el localizado en el Sarchal después de intensas llegadas de inmigrantes a esa zona, vestía un pantalón vaquero negro, debajo un bañador verde y, como complemento, una camiseta roja con la marca Plein estampada en el pecho.
Ropa de calle, como cualquier chico que pasea por el lugar, pero con la diferencia de que en su ánimo buscaba cruzar a Ceuta desde Marruecos. Buscan el despiste, no se enfundan el neopreno precisamente por eso.
Horas después de esta localización, los GEAS daban con otro joven vestido también con similares prendas. Los dos, en apariencia, meros adolescentes.
Tras las muertes llega la espera: que familiares empiecen a preguntar por ellos.
El problema surge cuando esos fallecidos proceden del sur, se tarda mucho más en empezar a recibir alertas preguntando por su paradero. En muchos casos, se ha logrado saber quiénes eran cuando ya estaban enterrados.
Es la primera vez que se recoge a dos niños sin vida en cuestión de horas. Se suman a otros casos de adolescentes muertos en cruces a nado, algunos de no más de 12 años.
Todas las muertes impactan, pero más aún cuando se trata de niños.
Cada vez son más los que cruzan, y generalmente no lo hacen esos. Por eso la Guardia Civil teme que puedan producirse más localizaciones de cuerpos sin vida por la misma zona.
Ahora hay que verificar si ambos cuerpos llevaban fallecidos prácticamente el mismo tiempo. ¿Quiénes son esos niños? Es lo que trata de aclarar la Policía Judicial de la Guardia Civil.
En esta semana se han producido varias entradas de menores, incluso, de nuevo, niñas.
La Ciudad supera los 580 atendidos en los recursos extraordinarios de los que dispone, viéndose obligada a usar naves para reconvertirlas en centros.
Septiembre es, según el área de Menores, un mes a tener en cuenta ya que tradicionalmente se han producido más entradas, lo que apunta a una mayor tensión migratoria.
Las pretendidas incursiones en territorio español no se llevan a cabo solo por Tarajal, sino que esa presión se ha hecho más palpable en Benzú.
La muerte de estos adolescentes en el mar supone el reflejo de la mayor tragedia en torno a una inmigración que cada verano absorbe los recursos de la Guardia Civil, que centra prácticamente sus esfuerzos en evitar una auténtica sangría en la frontera sur.
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