Editorial

Quienes se creen jueces sin serlo

Tenemos unos grandísimos profesionales de la justicia. Unos jueces y fiscales que agotan los recursos disponibles para lograr que todo funcione como debe. Ellos son los encargados de tomar las decisiones tan relevantes como privar a alguien de su libertad o no. La entrada en prisión es la medida más grave de todas y quien tiene la capacidad de ordenarla o no es una autoridad judicial, nadie más.

Pero hay quienes se creen jueces sin serlo, condenan a las personas sin saber siquiera el trabajo que ha hecho la Policía, sin conocer si existen fundamentos o no para llegar a una decisión.

De creerse juez al linchamiento público hay una línea demasiado frágil que se rompe en cualquier momento. Eso, una sociedad democrática nunca puede permitirlo.

La muerte violenta de un bebé ha conmocionado a toda Ceuta. Nadie puede comprender cómo se le puede arrebatar la vida a un recién nacido. Pero ha sucedido. La Policía ha actuado rápidamente, la justicia ha respondido cuando ha agotado todas las investigaciones posibles, alcanzando la medida que ha considerado más acertada.

Ante esto, no se puede permitir acciones como las ocurridas ayer, cuando varias personas acudieron en busca del detenido que había quedado en libertad para, literalmente, lincharlo en plena calle a base de golpes, patadas e insultos.

Le golpearon por todas las partes del cuerpo, casi lo desnudan, invadieron una carretera atemorizando a los que circulaban con sus vehículos. Querían convertirse en jueces sin saber qué ha pasado, a qué conclusiones ha llegado la Policía y qué pruebas hay en su contra o no.

Estos comportamientos no se pueden repetir y deben tener su condena, porque si apoyamos este tipo de actitudes habremos perdido no solo cualquier respeto social sino las normas más básicas de convivencia.

Los justicieros de la calle no son ejemplo de nada. Aquí hay unos profesionales que han adoptado una medida sabiendo todo lo que hay, conociendo informes y pruebas, no guiándose por rumores ni bulos extendidos a través de redes sociales.

Hay límites que no deben superarse. Este es uno de ellos.

Quienes aplauden lo que ha ocurrido son tan culpables como los encargados de liderar un auténtico linchamiento en la calle que debe ser investigado por las fuerzas de seguridad. Permitir y normalizar esto supone que mañana cualquier ciudadano se expone a sufrir el mismo tipo de escarnio público.

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