Ahora que se podía iniciar un período de tranquilidad en los comedores escolares, con la ampliación del número de becas, con la llegada del cuarenta por ciento del coste de la beca de cada alumno y con la guinda de la ayuda de urgencia que la Ciudad puso en marcha en el mes de diciembre, resulta que nos encontramos a unos ciento ochenta alumnos que deberán dejar, aunque se les ha encontrado una solución, que como siempre será la Ciudad quien tendrá que asumir el coste, de percibir el dinero procedente de las becas estatales.
Y es de imaginar que alguien debería pedir perdón por la equivocación, sea el Ministerio de Educación o la Dirección Provincial del departamento ministerial en nuestra ciudad. Porque sucede que cuando se cerró el plazo de presentación de solicitudes para las 615 becas que concedía el Ministerio, se hizo un primer listado por parte de la Dirección Provincial del Ministerio en nuestra ciudad y esos niños comenzaron a acudir a los comedores, resguardados por esa concesión de la beca que les cubría. Pero sucede que a los pocos meses llega el listado definitivo por parte de Madrid y de las seiscientas quince becas que tenían nombre y apellido, casi doscientas han cambiado de nombre y apellido. Estamos hablando de un treinta por ciento. Se puede entender que de un listado provisional a uno definitivo se produzca una variación, a lo mejor, de diez o quince personas, pero no de doscientos. Esta situación escandalosa es lo que ha provocado que sean ahora los directivos de los centros escolares los que tengan que dar la cara, no quienes se han equivocado, ante las familias para decirles que sus hijos ya no son beneficiarios de la beca. Menos mal que nuevamente el interés demostrado por la Ciudad Autónoma en este caso permitirá que quienes tengan que salir del plan estatal entren en el cupo que aporta el Gobierno autonómico.
E incluso, para atenderles en los mismos centros escolares, donde en realidad ya no hay ni sitio, se asumirá por el Gobierno autonómico tanto las obras de habilitación en otras zonas comunes de los colegios con comedores, como la contratación de más personal.





