Esta es la historia de dos jubilados. Personas ya mayores, cumplidoras con el pago de sus recibos. Son dos, que al menos haya sabido, pero seguramente existirán más casos, más víctimas de la torpeza. Resulta que estos afectados se encuentran con que de la noche a la mañana les han cortado el agua. ¿Saben por qué motivo? Porque dicen que tienen unos cuantos recibos sin pagar. ¿Cómo es posible? Imagínense el cuadro: unos señores cumplidores, con su pensión justa, que nunca se han visto en esta situación... y que de un día para otro no solo no tienen agua sino que les tachan de morosos.
Tras el disgusto intentan averiguar qué ha pasado. En la sede de Acemsa les dan unos números de cuenta que nada tiene que ver con los suyos. Así que, aclarado el particular entuerto, la cuenta se corrige y se argumenta que el banco habrá tenido la culpa. ¿Siempre la misma cuenta, nunca problemas con el cobro de los recibos y ahora aparece otro número de otra cuenta desconocida y... ¡zas! se les corta el agua a personas que no tienen culpa de nada? La historia no termina aquí. Los afectados siguen indagando y comprueban cómo en Servicios Tributarios aparece la cuenta correcta, nada saben de esa otra presentada en Acemsa, figura la misma cuenta por la que se han pasado durante años todos los recibos. Es la misma mantenida años y años. ¿Acemsa, el banco... quién es el culpable? Todos se lavan las manos, los afectados se ven con la obligatoriedad de pagar un dinero por el enganche y sin capacidad para protestar en lugar alguno. Pero no se lo pierdan, encima los sacan en el BOCCE como morosos, como si fueran unos delincuentes que no pagan sus recibos, personas de 80 años que se ven obligadas a pedir ayuda a familiares o amigos para que les saquen de un entuerto en el que la imcompetencia de quienes no saben hacer su trabajo les han metido.
No sé si habrá más casos. Yo les he contado dos. Dos de personas mayores que se han visto entre la espada y la pared, que encima tienen que ser culpables de una gestión nefasta y no tienen siquiera derecho a protestar porque les lían, les cuentan milongas con tal de tapar la metedura de pata de unos pocos.
¿Creen que hay derecho a esto? Yo no. Seguro que muchos otros afectados ni han caído en saber el origen de sus problemas o, sencillamente, han callado porque se han sentido incluso culpables de un error del que no son responsables. El sistema nos apisona. Así es.





