En Ceuta son muchos quienes desayunan tostadas u otras modalidades de pan con queso fresco y atún. Precisamente, las autoridades sanitarias han alertado de la presencia de Listeria monocytogenes en un queso fresco de vaca comercializado bajo una determinada marca y distribuido en España.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) informó este martes de la activación de la alarma sanitaria, identificada con la referencia ES2026/271, después de recibir una notificación trasladada por las autoridades sanitarias de Aragón a través del Sistema Coordinado de Intercambio Rápido de Información (SCIRI).
El producto afectado es el 'Queso Latino', un queso fresco de vaca de la marca Goya comercializado en envases de plástico refrigerados de 300 gramos. Los lotes implicados son el 011056, con fecha de caducidad del 31 de mayo de 2026, y el 021046, con fecha de consumo preferente hasta el 30 de mayo de 2026.
Desde la AESAN se recomienda a todas las personas que tengan en sus domicilios alguno de estos productos que se abstengan de consumirlos y procedan a su devolución o eliminación.
Asimismo, la información ya ha sido trasladada a todas las autonomías con el objetivo de verificar la retirada de los productos afectados –en este caso queso fresco– de los canales de comercialización.
Las autoridades sanitarias advierten además de que aquellas personas que hayan consumido alguno de los lotes afectados y presenten síntomas compatibles con la listeriosis –como fiebre, vómitos o diarrea– acudan cuanto antes a un centro de salud para recibir atención médica.
Especial atención merecen las mujeres embarazadas, uno de los grupos de riesgo frente a esta bacteria. En estos casos, la AESAN aconseja seguir las recomendaciones específicas de higiene alimentaria durante la gestación y evitar alimentos asociados a peligros biológicos, entre ellos algún queso fresco y productos refrigerados listos para el consumo.
La listeriosis es una enfermedad de transmisión alimentaria causada por la bacteria Listeria monocytogenes.
La principal vía de transmisión al ser humano es el consumo de alimentos contaminados, especialmente los alimentos listos para consumo refrigerados con una vida útil relativamente larga, como como los productos de la pesca ahumados, los productos cárnicos tratados por calor y los quesos de pasta blanda.
La contaminación de los alimentos puede ocurrir en cualquier fase en la que el producto sea expuesto al medio ambiente, incluyendo la elaboración, el transporte, la venta al por menor, los servicios de comidas para colectividades y los hogares.
En las industrias alimentarias la contaminación a partir del ambiente en el que se procesan los alimentos se produce principalmente por generación de aerosoles durante los procesos de limpieza que pueden favorecer la diseminación de bacterias.
Muchos alimentos listos para el consumo incluyen en su proceso de producción una fase que elimina L. monocytogenes (cocción, horneado, etcétera). Sin embargo, la listeria puede contaminar los alimentos tras su elaboración (por ejemplo, la contaminación puede producirse después de haber cocinado los alimentos y antes de envasarlos), o bien por una manipulación posterior durante su comercialización (loncheado), o, a nivel doméstico, por falta de higiene.
Si el proceso de fabricación del alimento listo para el consumo no incluye un tratamiento que elimine la bacteria, la seguridad del mismo dependerá de las medidas tomadas durante toda la cadena alimentaria encaminadas a reducir al mínimo la contaminación y limitar su proliferación. Es fundamental mantener la cadena de frío de los alimentos refrigerados.
Otras vías de transmisión son:
Los alimentos más frecuentemente asociados con la listeriosis son los listos para el consumo refrigerados con una vida útil prolongada. Estos alimentos, son, entre otros, salchichas cocidas o patés; pescados ahumados; productos lácteos (quesos de pasta blanda, leche cruda y helados elaborados con leche cruda) así como ensaladas preparadas, verduras y frutas frescas.
No obstante, existen alimentos listos para el consumo que por sus características intrínsecas no permiten el crecimiento de L. monocytogenes, como son el azúcar, la miel, la sal, el pan, las galletas y productos similares o aquellos productos que hayan recibido algún tratamiento tras el cual no sea posible una recontaminación, como productos envasados tratados con altas presiones o productos tratados térmicamente en su envase final, como las conservas, entre otros.
En personas sanas generalmente la infección suele ser asintomática o cursa con una sintomatología gastrointestinal leve, fiebre y dolores musculares.
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