La jornada de votaciones del pasado domingo dio pie a la presentación de varias quejas ante la Junta Electoral. Algunas con fundamento, como las relativas al intento de provocar un cambio de voto entre los ancianos o las personas menos preparadas que eran abordadas en el camino hacia los colegios electorales. Otras, mostraban el reflejo de la falta de una política adecuada en la que han incurrido los partidos con cierta parcela de poder.
Me explico. Fue en este caso el PP el que protestó por las malas condiciones en las que estaban trabajando dentro de uno de los colegios de la ciudad. Se veían desarrollando su labor en las mesas en condiciones propias de hacinamiento, sin ventilación, sin infraestructuras óptimas. Los adultos se vieron, por una vez, desarrollando el trabajo de un día en las condiciones en las que, a diario, deben acudir nuestros hijos a los colegios. El hecho de que ni PP ni PSOE se hayan preocupado en construir centros suficientes ha tenido como respuesta la situación crítica en la que se encuentran muchos colegios de esta ciudad: sin aulas suficientes, con demasiados niños en zonas muy reducidas, sin ventilación, perdiendo aulas comunes que tienen que ser usadas para habilitar nuevas aulas, con edificios que ya no pueden ampliarse más, con patios que carecen de zonas cubiertas... Pues todo esto forma parte del día a día que tienen que soportar nuestros hijos y los profesionales de los centros por culpa de una nefasta gestión educativa de un bipartidismo que, en cambio, sí ha abrazado la construcción de la macro-cárcel de Fuerte Mendizábal. Hay quejas que, solo de escucharlas, indignan. Que los mismos políticos causantes de este déficit educativo protestan, resulta hasta hiriente.





