El sellado en su día del vertedero de Santa Catalina desplazó hasta el centro de la ciudad al grueso de la población de gaviotas.
Sin montañas de basura ya para garantizar su subsistencia, las pavanas –en nomenclatura local– hicieron las maletas y encontraron en plena calle, sobre todo en los contenedores, su arsenal de alimento. Esa proliferación y la presencia en puntos hasta hace poco desconocidos ha provocado la movilización de comunidades de vecinos, en especial aquéllas que han visto sus edificios colonizados por una especie que se niega a abandonarlos y que ha instalado en ellos sus nichos. Es el caso de la barriada Virgen de la Palma. Su presidenta, Mercedes Contreras, reclamó hace meses a la Consejería de Medio Ambiente que activase las medidas necesarias para deshacerse de la colonia de gaviotas que inunda sus bloques. Sin éxito desde entonces, lamenta. Asegura que no ha recibido respuesta y que el escenario comienza a ser insufrible. Ayer enumeraba a El Faro el listado de molestias y contratiempos a los que se enfrentan los vecinos que representa. A esa “invasión”, como no duda en calificar la presencia de las aves, atribuye por ejemplo “ruidos de noche y de día que impiden descansar”, pero también los efectos de los “excrementos sobre la colada tendida” o los ataques que dice han sufrido “niños y adultos cuando estaban en la calle”y sobre los que los animales se han abalanzado para robarles la comida. “Han llegado a entrar volando hasta las cocinas o los comedores de las casas”, insiste Contreras. Tampoco se salva el mobiliario urbano, del que la Asociación dice no poder disfrutar por la suciedad de los excrementos; ni las “fachadas, ventanas y cubiertas de los edificios”, los lugares preferidos por las gaviotas para instalar sus nidos en periodos de reproducción. “Cuando hay que acceder a la azoteas para cambiar o arreglar una antena te atacan porque piensan que les vas a hacer daño, y es prácticamente imposible hacer las reparaciones”, añaden. SEO calculaba a principios del pasado mes de junio que en la ciudad existen unos 5.000 ejemplares de gaviotas, entre ellos unas 500 parejas reproductoras. Según sus propias estimaciones, conforman una “población dinámica” que se movería entre Ceuta, Portugal y el norte de Marruecos, de ahí que su censo real varíe y sea complicado cuantificar la cifra exacta. La especie predominante en Ceuta es la patiamarilla, habituada ya a rebuscar entre los contenedor de basura, pero que también puede atacar a gorriones, vencejos y palomas. SEO colabora con la Ciudad para retirar los nidos de los edificios.