Hace años, venir a Ceuta a llenar el tanque de combustible no era solo una ventaja, sino uno de los grandes atractivos económicos de la ciudad. Gozábamos de tan buenos precios que un conductor ceutí podía llenar por completo un depósito mediano con apenas 40 o 50 euros, mientras que en cualquier provincia andaluza realizar esta operación podía suponer tranquilamente superar la barrera de los 70 euros.
Un auténtico ahorro. Sin embargo, la época dorada del “chollo” del carburante llegó a su fin tras una decisión lamentable, una más, del Ejecutivo de la Ciudad: modificar el funcionamiento del Gravamen Complementario sobre los carburantes. Y es muy gracioso utilizar la palabra “chollo” en este caso, porque sí, lo era.
Era tan bueno que la ciudad experimentaba una entrada constante de coches procedentes de Marruecos y de la Península que buscaban llenar sus tanques debido a la gran calidad del carburante y los precios económicos de los que disponíamos en comparación con otros territorios. Cosa que ha cambiado de manera drástica, tanto que somos ahora los propios ceutíes quienes decidimos llenar el depósito cuando ya hemos cruzado la frontera del Tarajal o el Estrecho de Gibraltar.
"Se decidió vincular el impuesto local de Ceuta directamente con lo que dictaminase el Estado en la Península"
Parece ser que, para el Ejecutivo, los ceutíes no tenemos derecho a disfrutar de esto, ya no. En Ceuta, el impuesto sobre hidrocarburos estatal no se aplica; para compensar esto, entra en juego el gravamen complementario local, un impuesto específico que aplica la ciudad sobre determinados productos de gran consumo. Este no se calcula como un porcentaje del precio del producto, sino como una cantidad fija de dinero por cantidad.
En este caso, la tarifa se sitúa en los siguientes valores aproximados por cada litro que entra en la ciudad: la gasolina a 20 céntimos por litro (200 euros por 1000 litros) y el diésel a 15 céntimos por litro (153 euros por cada 1000 litros). ¿Pero dónde está la trampa? Pues en el denominado “efecto espejo”, la cuantía no es 100% independiente, sino que se recalcula de forma automática fijándose como el 50% de la tarifa del impuesto estatal peninsular.
Es decir, se decidió vincular el impuesto local de Ceuta directamente con lo que dictaminase el Estado en la Península. Con esta reforma, el Ejecutivo de Ceuta delegó indirectamente el ritmo de sus subidas fiscales: si el Estado decide aumentar las tasas, el impuesto ceutí se incrementa automáticamente en cascada. Esto ha provocado el actual estado en el que se encuentra nuestro mercado de los carburantes, que ya de por sí presentaba una rigidez inquebrantable, debido al duopolio comercial cerrado protagonizado por CEPSA y DISA, y una homogeneidad casi total de precios.
"El Ejecutivo de Ceuta decidió, en su afán recaudatorio, meter un sablazo indirectamente al bolsillo de los ceutíes"
Además de poseer barreras de entrada logísticas insalvables, pues al ser una ciudad con espacio limitado y depender de una infraestructura de almacenamiento portuario muy específica, los costes y las dificultades técnicas para nuevos operadores son gigantescos. Esto actúa como escudo que protege la dominancia de las empresas ya instaladas.
¿Pero por qué en Melilla, nuestra ciudad hermana, la cosa es tan distinta si compartimos casi las mismas características, tanto geográficas como fiscales? Pues muy simple: el Ejecutivo de Melilla ha decidido históricamente mantener su gravamen complementario al mínimo, especialmente en el diésel, apenas 3 céntimos por litro frente a los 15 céntimos en Ceuta.
Además, no dispone del llamado “efecto espejo” ligado a la tarifa, su cifra permanece inalterable año tras año y no depende de las subidas del impuesto estatal en la península. Una acción que demuestra que Melilla sí utiliza su régimen fiscal como herramienta de protección económica, un auténtico escudo frente al impacto de la inflación internacional de los hidrocarburos.
Digámoslo claro: el Ejecutivo de Ceuta decidió, en su afán recaudatorio, meter un sablazo indirectamente al bolsillo de los ceutíes, y el MDyC se lo ha hecho recordar una y otra vez. Lo hizo en el pasado mes de abril y lo va volver a hacer en octubre, en una interpelación para preguntar por qué no se está haciendo nada para intentar bajar el precio del combustible, después de que en 2025 se aprobara una propuesta en la Asamblea con el fin de abaratarlo.
"La paradoja es que el dinero que recaudamos no se traduce automáticamente en una mejor calidad de vida para la mayoría de nuestros ciudadanos"
No obstante, el Ejecutivo, con su descaro perpetuo, se defiende diciendo que volver al régimen anterior lo único que provocaría es un aumento en los ingresos de las empresas que controlan el mercado local, lo que parece un auténtico disparate sabiendo perfectamente que la causa de la pérdida de nuestra ventaja económica se debe a la reforma fiscal.
¿Qué propone a cambio? Invitar a empresas lowcost que quieran asentarse en nuestra ciudad. ¿Dónde está el dato curioso? Pues que Melilla tampoco dispone de empresas de este tipo. La realidad es que el Ejecutivo local se resiste a volver al régimen anterior porque supondría renunciar a millones de euros de recaudación directa, haciendo hincapié también en que Ceuta recauda sustancialmente más en impuestos que Melilla (en general, sin enfocarnos solo en hidrocarburos), a pesar de que contamos con poblaciones similares.
La paradoja es que el dinero que recaudamos no se traduce automáticamente en una mejor calidad de vida para la mayoría de nuestros ciudadanos, puesto que seguimos registrando algunos de los peores indicadores sociales del país. Recaudar tanto para seguir igual nos genera más sospechas que dudas y esto, sin duda, causa malestar entre la población, y desconfianza hacia una administración pública con la mira puesta solo en “hacer rebosar de oro la caja”.
Por lo tanto, emular el “modelo Melilla” sería un golpe sobre la mesa y decir que Ceuta está haciendo bien las cosas por apuntalar su “soberanía”, y no hacerla añicos desaprovechando nuestras singularidades fiscales.
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