Cuando se escribe sobre inmigración se habla de personas. Personas a uno y otro lado de una valla, personas con comportamientos que siempre van a ser extremos porque extrema es la diferencia surgida a uno y otro lado de la valla. Empezando por ahí, no parece que sea apropiado que toda una institución como la Delegación del Gobierno emule los tonos y estilos de la derecha utilizando términos como ‘asalto’ y aportando informaciones que no podrían ser encuadradas en ese punto medio que tiene la obligación de cumplir, sobre todo porque causan y generan confusión.
La entrada a la carrera en Ceuta de más de un centenar de subsaharianos ha vuelto a poner en evidencia el grave problema de tener una Frontera Sur que no es más que una trinchera tercermundista atentatoria contra los derechos humanos. Europa la financia y esa misma Europa de los derechos y libertades defiende que Marruecos persiga a inmigrantes con palos, perros y caballos arrojando imágenes medievales que incongruentemente terminan viéndose normales en un momento en el que dejar que la gente muera en el mar de puro abandono también lo es.
Empezando por ahí, porque Europa permite todo esto, lo consiente y lo aprueba, quizá podamos entender todos los desencadenantes posteriores que siempre son analizados desde un punto de vista provinciano, lo que lleva a un alcalde de pueblo a ofrecerse a las querencias de un ministro, antes juez, que ha terminado siendo el peor de los justicieros en esa defensa de los derechos que cualquier persona tiene, da igual cual sea su origen. No vemos más allá y así nunca entenderemos cómo en este más aquí se deja un espigón rodeado de concertinas y cuatro guardias vigilando una garita frente a unas trincheras en donde puede pasar de todo y que si es sorteada se hará de cualquier forma y manera, como estamos viendo que se hace.
Europa permite esto y Europa permite las consecuencias posteriores de ir parcheando su política en defensa de unas libertades que hace tiempo se sometieron al poder del capitalismo, de los intereses y de las mafias que sostienen un mundo que tiene que seguir siendo así: de explotadores y explotados. Nuestra visión reduccionista, nacida en una pequeña ciudad perdida en el norte de África, imposibilita ver toda la arquitectura de un sistema sostenido por intereses, por mentiras, por engaños que deja en el punto medio a personas que buscan escapar de cualquier manera y a otras a las que se les encomienda actuar sin criterio claro.
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