No sé si han visto ese anuncio de apuestas en que una mujer sale sexualizada, disfrazada de deportista. No es broma, el morbo vende y los pantalones cortos, los bikinis en cuerpos esculturales y los senos levantados artificialmente, aún más. No queremos ver mujeres deportistas sino bellezas en acción y por eso, porque hay público para ello, se intenta sexualizar a mujeres que se parten el cuerpo por llegar a la élite deportiva.
Lo último, el querer frenar la concepción y la maternidad, porque parece que un valor en alza como es la mujer en el mundo deportivo, no debería ser madre hasta que las federaciones y los entrenadores le saquen el máximo jugo a su carrera deportiva. Pero afortunadamente, hay una nueva corriente para la cual las deportistas son algo más que consecución de logros, una en la que las mujeres no son objetos sexuales, ni trofeos visuales, ni tampoco una máquina para permanecer deportivamente.
Una corriente que quiere liberar a las mujeres de parámetros masculinos, de querer ser como ellos para ser más como nosotras queremos ser. La Willians es una pionera, siempre lo fue y ahora demuestra que se puede ser madre y volver al máximo, enseñanándonos que las mujeres pueden igual que ellos pueden.
Nos costó mucho entrar en las universidades y no ser mirlos blancos como la madre de un amigo mío, una de las primeras letradas de España, con marido e hijos y pistola al cinto porque temían por su seguridad. Con esto te da por pensar qué clase de heroínas eran ellas que abrieron tanto camino a costa de tantas cosas cómo las que dejaron en él.
Recuerdo lo que le pregunté a Josefina Escudero cuando entré en el Puerto Información como columnista. Porque ella lo sabía, porque había sufrido lo mucho que dejas en el camino cuando quieres ser, gastado su vida en aquella editorial diaria que hacía con tanto amor profesional. Porque las mujeres somos así, encastradas, apretadas, aguerridas y hasta deportistas. Todo lo que nos proponemos lo hacemos a lo Mulán, sin que nadie nos regale, ni nos ayude.
Por eso debemos afianzarnos, no dejarnos engañar por las modas, los pervertidos, ni las Federaciones o marcas que quieren sonsacarnos nuestros mayores logros, poniéndolos en la balanza de la maternidad, la sexualidad o el espectáculo.
No veo yo a los grandes tenistas masculinos enseñando cachas, que las tienen, ni la los jugadores masculinos de balonmano, con tangas, que también podrían. Tampoco a otros deportistas ajustados, entallados y hechos un pincel sexual para que ojos profanos se acerquen a ver deportes para calentar su mente lujuriosa.
No es espectáculo, sino torsos musculados y mujeres que salen a ganar. Es ese punto G de mayor placer cuando agarras tu meta y lo consigues por fin, pero que solo llega tras el de crujir del esfuerzo para hacer doblarse a lo imposible ante una atleta que se musculó, se nutrió, trabajó incansablemente y ahora se cuelga una medalla o alza un trofeo.
Las selecciones femeninas españolas nos están dando grandes logros, las deportistas nos están dando grandes satisfacciones que no debemos obviar, sino ensalzar y complementar con el seguimiento de las cadenas, de los medios, de los fondos, de los patrocinios y de las becas.
Hay que cuidar el talento, hay que cuidar a las deportistas y a los que quieren hacer de esto un espectáculo visual, barrerlos como la basura que son.






