Mi amigo Pedro Toro y yo compartimos desayuno con "el Pringue". A las 6 de la mañana comienza su jornada como tantos años lo hace: ordena sus cupones de la " Cruz Roja", los clasifica para sus clientes fijos con terminaciones fijas mientras recita como un rapsoda los nombres que se le atribuyen a las dos últimas cifras: San Pedro, la palmera, el toro, el matrimonio, Sanchez, Prados...
Su sonrisa despereza la energía incombustible encendida con el café con leche madrugador y la mirada de unos ojos despiertos nos informan del número agraciado ayer y qué lotero dio la suerte.
Lo escucho con el bostezo matutino mientras me dice que todavía estoy dormido y que me espabile.
Juan, que así reza su D.N.I nació en Ceuta hace 72 años, recuerda algo de hambre en su memoria. Las ventanas y las casas abiertas del barrio, los boquetes en los zapatos y el respeto a la " policía armada" que era la policía nacional.
Juan se va a Barcelona a trabajar en la fábrica de donuts, vuelve a Ceuta a vivir de los chapuces, a ayudar a su mujer a vender cupones de la ONCE y a todo lo que iba saliendo. Los barrios en Ceuta eran muy pequeños, iba de casa en casa con los amigos compartiendo los productos tradicionales de la navidad y el borrego: carne, pastas, dulces y lo que se terciara según las tradiciones.
Su relación con los clientes es de mucha confianza; los busca en el mismo sitio y a la misma hora con los números habituales. Algunos se cabrean porque no sale su cupón, porque tocó el que llevan todos los días pero el pringue no lo consiguió para venderlos...son las quejas de los no agraciados cascarrabias que le echan la culpa a todo lo que se menea menos a su suerte.
Una vez se presentó con 1100 euros a un pescatero que jugaba tres números distintos, se los guardó sin saber el cliente qué numero llevaba. El premio para Juan fue demostrar su honradez y los 100 euros de propina con el que fue agraciado.
Lleva viviendo en la " la pantera" 48 años; allí ha sido siempre querido y respetado por los vecinos con la cordialidad y el roce de compartir las rutinas de tantos años.
" Me dicen tito, abuelo o Juan..." El pringue" me llaman mis amigos. Salía los domingos a tapear después de las partidas de petanca, me manchaba de aceite la barriga y me decía un amigo..¡ Vas pringao! Y de ahi viene el apodo".
Se pone serio para contarme que hay veces que los loteros no tienen dinero para sacar la lotería de la asamblea y que el horario no les permite esperar a la venta para poder abonar los números del próximo sorteo, "si no dispones de efectivo no te dan los números que te corresponden", es la economía de los que cuentan con la venta para sacarse esa ayuda que da esta lotería del pueblo.
Su humanidad inspira la Ceuta del pasado y presente, su presencia es esperada en los sitios habituales. La tira de los 7 cupones iguales supone un baile con la diosa fortuna para ser millonario con 280O napos, que así llama mi amigo Pedro al parné.
Toca el despertador en lo primero que pienso es en ese café con el pringue y en el pitufo de tapa de las balsas. Es como si me tocara el cupón cada mañana.
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