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La Princesa Irene de Grecia: una vida inspirada por la India, la espiritualidad y la compasión

La reciente muerte de Su Alteza Real la Princesa Irene de Grecia ha despertado numerosas muestras de reconocimiento y afecto. Hermana de la Reina Emérita Doña Sofía, fue una figura singular dentro de la realeza europea, no solo por su discreción y sencillez, sino por una profunda vida interior inspirada por la espiritualidad oriental y, muy especialmente, por su estrecha vinculación con la India y el hinduismo.

La Princesa Irene residió en la India entre los años 1967 y 1981, una etapa decisiva que marcó su pensamiento y su modo de entender la vida. Se sintió profundamente atraída por la tradición del Advaita Vedanta, la filosofía no dual del hinduismo, y estudió con reconocidos maestros como el profesor T. P. Mahadevan. Posteriormente fue discípula del Shankaracharya de Kanchi, Su Santidad Sri Jayendra Saraswati, una de las máximas autoridades espirituales del sur de la India. Ya desde joven había estudiado filosofía Advaita junto a su madre, la Reina Federica de Grecia.

Tuve la fortuna de conocer personalmente a la Princesa Irene en octubre de 2003 en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, durante un congreso internacional dedicado al diálogo interreligioso y a la contribución de las religiones a la paz y la convivencia. Durante tres días compartimos actos oficiales, encuentros académicos y recepciones institucionales. En todas ellas, por una coincidencia significativa, siempre nos sentaban juntos a la hora de comer, pues éramos los dos únicos vegetarianos. Aquellos momentos propiciaron conversaciones tranquilas y profundas, en las que hablaba pausadamente, con una serenidad poco común.

"En señal de afecto y gratitud, tuve el honor de obsequiarle varios de mis libros, que recibió con sincero interés, así como una medalla de plata con la imagen de Lakshmi"

Me relató su vida en la India, donde residió principalmente en Madras —hoy Chennai—, y su cercanía al Advaita Vedanta. Se interesó también por la tradición Srivaishnava que yo sigo, igualmente originaria del sur de la India, y por sus enseñanzas de devoción, gracia y servicio. En una comida oficial ofrecida por el Ayuntamiento de La Laguna, afirmó con convicción que los Vedas eran, a su juicio, la fuente de conocimiento más antigua de la humanidad. Habló de la compasión (karuna) y de la gracia (kripa) como pilares de la vida espiritual, señalando con una sonrisa la coincidencia con mi nombre espiritual: Krishna Kripa, “la gracia de Dios”.

Por aquel entonces era presidenta de la Fundación Mundo en Armonía, desde la que promovió activamente iniciativas humanitarias, culturales y de entendimiento entre pueblos y religiones. En señal de afecto y gratitud, tuve el honor de obsequiarle varios de mis libros, que recibió con sincero interés, así como una medalla de plata con la imagen de Lakshmi, la diosa hindú de la fortuna y la prosperidad, que aceptó con respeto y emoción.

Recordaba con humor que Su Majestad el Rey Juan Carlos I solía llamarla cariñosamente “la hermana espiritual”. Su compromiso con los valores del hinduismo se reflejó también en gestos concretos: defendía la protección de las vacas, a las que consideraba sagradas. En una ocasión me comentó la necesidad de concienciar a los propios hindúes sobre este deber, a lo que le respondí que las vacas eran para nosotros como una segunda madre. Asintió diciendo: “Exacto, así es”. Años antes había enviado cien vacas desde España a la India para evitar su sacrificio debido a excedentes de producción.

"La Princesa Irene de Grecia vivió su fe y su compromiso con coherencia, dejando una huella silenciosa pero duradera"

Al presentarse, unía las manos en gesto tradicional y saludaba con un respetuoso “Namaste”. Nos reencontramos por última vez en Madrid, el 26 de enero de 2019, durante la celebración del Día de la República de la India organizada por su Embajada. Me acerqué a saludarla acompañado de mi querido amigo Swami Rameshwarananda, maestro del Advaita Vedanta, y, para mi sorpresa, la Princesa Irene me reconoció dieciséis años después y me dijo con afecto: “¿Eres Krishna, el de Ceuta?”.

Este texto quiere ser un humilde homenaje a una mujer elegante y sencilla, profundamente espiritual, que supo tender puentes sinceros entre Oriente y Occidente. La Princesa Irene de Grecia vivió su fe y su compromiso con coherencia, dejando una huella silenciosa pero duradera.

Que su alma continúe su viaje en paz y en luz, conforme a la verdad que buscó y vivió.

Om Shanti. Sadgati.

Juan Carlos Ramchandani (Pandit Krishna Kripa Dasa)

Es sacerdote hindú, escritor y conferenciante

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