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Primavera europea

Los cambios sociales siempre son lentos, sorprendentes,  zigzagueantes y de final impredecible. El ser humano es conservador por naturaleza.

Es la reacción ante el miedo innato que opera como factor de supervivencia. El miedo domestica a las masas. Es la aplicación a la vida pública del “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Este hecho es el único que explica y justifica que el bipartidismo en España aún no haya sido extirpado definitivamente. Todo el mundo conoce, y reconoce, que entre PP y PSOE han generado una casta política alejada de la ciudadanía que ha ido pervirtiendo con el paso del tiempo todos y cada uno de los fundamentos de una sociedad democrática. La corrupción generalizada, la mentira practicada impunemente, el abuso de poder ante los más débiles, la supresión (o manipulación) de los mecanismos de control, la ruptura radical de toda relación entre representantes y representados, y una forma de hacer política fosilizada; constituyen las señas de identidad de un sistema periclitado. Sólo falta por saber la duración y la intensidad de la agonía. Y esto sólo dependerá de la capacidad de la vanguardia social para extender la convicción de que el cambio es una exigencia de los nuevos tiempos inaplazable. La cada vez más menguante mayoría (es indiferente su adscripción al PP o al PSOE) profesa una fidelidad irracional al pasado que deviene en un inmovilismo altamente pernicioso. Los tímidos cambios anunciados por los dinosaurios (PP y PSOE) para adaptarse al presente, no son más que nuevos productos de la factoría de la mentira institucional en la que se han convertido. No pueden ser más que lo que son. Reliquias inservibles, porque la perversión está en su propia esencia.
La clave del cambio está en recuperar el protagonismo de los ciudadanos en la vida política. Cada persona debe interiorizar su condición de actor imprescindible en la política de un tiempo nuevo. Parafraseando a Saramago, podríamos decir que cada ciudadano tiene que asumir que él es una “superpotencia”. Y actuar en consecuencia.
Para lograr el cambio es importante la crítica reflexiva, la expresión social contundente y la movilización  permanente; pero es fundamental que las alternativas se visualicen para que cristalicen, se consoliden y desplacen definitivamente a lo antiguo. Cada cita electoral es una oportunidad para impulsar el cambio. Ya no estamos ante comicios rutinarios en los que poco importa el resultado. Cada voto es un reto. Cada voto es un arma cargada de futuro. Un compromiso con la historia.
Próximamente (el veinticinco de mayo) votaremos a los representantes españoles en el Parlamento Europeo. Algo lejano y extraño para la inmensa mayoría. Es un nuevo paso en la gigantesca (y a veces grotesca) tarea de la construcción de Europa como un Estado. Es una magnífica ocasión para expresar la voluntad de cambio. Existe otra forma de gobernar. Europa, España y Ceuta. Es hora de rebelarse contra la mentira utilizada para conservar privilegios y poder. PP y PSOE, con enormes altavoces mediáticos, volverán a decirnos a los ceutíes que fuera de sus límites todo es oscuro. Los dicen ellos, que nos han metido en un callejón sin salida después de veintiocho años de abrumadora mayoría. Estamos fuera de la Unión Aduanera, no tenemos Aduana Comercial con Marruecos, estamos excluidos del Comité de las Regiones, no nos reconocen un  régimen específico para tratar nuestra singularidad, y para colmo, estamos considerados como “una región rica”, a pesar de ser la Ciudad con más paro de Europa. Ahora representarán su manido y cansino sainete de inútiles acusaciones mutuas, cuya única finalidad es que, al final, la suma siga siendo la misma.
La inteligencia práctica nos lleva en nuestra vida cotidiana a cambar aquello que no funciona. La política no debe ser una excepción. El binomio PP-PSOE no funciona, ni en Europa, ni en España, ni en Ceuta. Ha llegado la hora de ser valientes ya asumir compromisos. Primavera Europea es una opción atractiva, que incorpora la ética de los nuevos tiempos a la acción política para consensuar un nuevo horizonte de vida digna y responsable. Desde la firme voluntad democrática, la defensa de los derechos y libertades, la dignidad de las personas y los pueblos, la justicia social y ambiental, vamos a cooperar para hacer posible una PRIMAVERA EUROPEA.

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