El mismo día en el que el Servicio Marítimo de Algeciras afrontaba la muerte del ocupante de una narcolancha tras embestir a la patrullera oficial, en Ceuta los recursos con los que debe funcionar la Guardia Civil se ven mermados y absorbidos por las entradas constantes de nadadores desde Marruecos.
Es un sin parar: mañana, tarde y noche. Ya no se trata de épocas puntuales en verano, sino de una constante que se repite prácticamente a diario. Hoy, sábado, también.
¿Alguna explicación a esto? Nadie la da porque quizá no la tenga. El hecho es que no se trata ni de las nieblas, ni del repunte de verano, ni de otros razonamientos oficiales dados. Tampoco son solo menores los que cruzan, sino adultos que se echan a nado contando con la mayor o menor falta de control por parte de Marruecos.
Este sábado los componentes del Servicio Marítimo de la Guardia Civil han vuelto a centrar prácticamente todo su trabajo en la interceptación de inmigrantes en el mar. Casi cien intentos durante toda la mañana.
Los agentes de esta unidad en el mar, mientras las patrullas operaban en tierra, no han cesado en la localización de inmigrantes, recogida y entrega a Marruecos por la frontera, en muchos de los casos.
La constante se repite a diario, lo que termina incidiendo en el día a día de los agentes que prácticamente dedican todos los recursos, ya de por sí ajustados, a esas labores de contención y auxilio migratorio.
La presión migratoria que afecta a Ceuta se ha convertido en un asunto de envergadura, de principal preocupación -o al menos eso debiera ser- del Ministerio del Interior. Los intentos continuados de entrada por vía marítima superan cualquier estadística convirtiendo la frontera sur en el principal punto caliente de entradas. Porque no se trata de las que enumera Interior, sino de las que no se cuentan.
La Guardia Civil del mar tiene que estar centrada en estas labores, quedando muchas más que le competen. La afrontan con los recursos límite con los que cuentan, expuestos además a los próximos meses en los que los temporales influirán y para mal en este devenir migratorio para el que urgen medios, recursos y refuerzos porque ha venido para quedarse.
Lo que ocurre en el mar se ve luego en tierra, por ejemplo, en el CETI. A día de hoy, hay 1.107 inmigrantes en el interior y una treintena fuera.
La presión en el único recurso oficial que existe para acoger adultos es como las de antaño, con una valla tensionada.
Quienes cruzan a este lado comparten vídeos en TikTok de esos pases.
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