Vecinos de nuestra ciudad llegados desde distintas barriadas e inmigrantes católicos del CETI reafirmaron la fe en una procesión de culto a María
Organizada por la Asociación Juvenil Jóvenes Costaleros de la Paz, por segunda vez en la ciudad se celebró ayer una Marcha Mariana que fue desde la Urbanización La Colina, a la altura del inicio de la calle Monte Ingenieros, hasta el monte del Santo Rosario. El trayecto, que no fue superior a los treinta minutos de duración aproximada a ritmo de caminante, donde hubo algunas paradas para descansar, fue un hermoso ejemplo de convivencia entre vecinos.
"Se trataba de hacer un acto familiar dirigido a todas las edades, incluidos los más pequeños", señaló Jacobo Díaz Portillo, participante, "puesto que también ellos han sido protagonistas llevando en sus hombros una imagen del Niño Jesús en unas pequeñas andas". Al igual que ocurriera en la primera edición, celebrada el pasado año, participaron en la marcha un buen número de los inmigrantes católicos del CETI, quienes disfrutaron dentro de un ambiente cálido y familiar, muy propio en fechas tan señaladas.
Después de un almuerzo muy campestre, a base de bocatas y refrigerios tomados al aire libre, el regreso se realizó sobre 16:00 horas, después del rezo del Rosario junto a la Virgen en el monte.
Los organizadores, ataviados con calzado y ropa cómoda, celebraron la acogida del llamamiento y la segunda Marcha Mariana contó con la asistencia de feligreses de todas las parroquias para acompañar todos juntos con fe a la imagen de la Madre de Dios entre rezos y oraciones, "no así la colaboración y apoyo de la Iglesia, que se posiciona de manera absurda en contra de que se procesione con una imagen que pertenece a un particular", consideró Díaz Portillo.
Asimismo, Díaz Portillo explicó que "esta Marcha Mariana ha sido una lección de convivencia en la que jóvenes y mayores procedentes de distintos lugares de la ciudad se han reunido con María para celebrar una fe que no es sólo un atributo de sitios cerrados, de iglesias, ermitas o santuarios, sino que es tan viva como la vida misma y se puede compartir caminando unos al lado de los otros por senderos diferentes, pero hacia la misma meta". "La diferencia generacional", añadió, "es siempre enriquecedora durante la marcha, en el campo, y al compartir la comida y las oraciones; es un punto de encuentro dinámico con otros compañeros de otras parroquias, de saludar a amigos, y entre todos, aportar cada uno ese granito de arena que nos ha hecho disfrutar todo el día para volver a nuestra casa con la ilusión renovada, con la fe enriquecida y con ganas de continuar caminando en nuestra vida siempre al lado de María, Divina Pastora y Madre", concluyó.
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