El PP es un pollo sin cabeza. Va dando tumbos criticando, denunciando, queriendo sacar los colores y evidenciando las vergüenzas que en su partido guardan en los cajones de la memoria histórica. No aprenden, a cada momento buscan el provecho, aunque hagan el ridículo más espantoso.
Ayer, aprovechando una entrada de inmigrantes con motivo del temporal (una igual que las miles que llevan produciéndose toda la vida en Ceuta sin remedio ni solución), los del PP salieron a la palestra informativa para pillar cacho y criticar todo lo que se les pasaba por la cabeza.
Lo hacían mezclando entradas a nado, la situación de la valla y hasta la muerte, el pasado domingo, de un joven tras saltar el vallado. Tienen la poca vergüenza de hablar de “riesgo”, olvidando toda su oscura etapa migratoria, preñada de auténticos escándalos, de los sucesos más cuestionados de la historia local, de muertes en la valla y en los calabozos, de campamentos hacinados en donde los policías terminaban con tuberculosis, de expulsiones clandestinas de asiáticos del CETI, de otras expulsiones pinchando haloperidol a los que iban a ser devueltos a sus países de origen.
Está el PP para dar lecciones de inmigración a alguien. Deberían, si tienen vergüenza, callar la boquita, dejarse de buscar portadas y dedicarse a trabajar una política adecuada desde la oposición.
Están tan desesperados que no tienen ni idea de lo que pasa en su propia tierra ni ahora ni antes. Es vergonzoso que un partido nacional incurra en críticas pueriles, absurdas e hipócritas centradas en la obsesión por salir en titulares.






