Vencidos. Estamos así porque nunca fuimos capaces de luchar como sociedad, porque nos vendimos al mejor postor para crear un sistema que sea capaz de reirse de nosotros. Así vivimos en este control absoluto de los que mandan sobre el resto. Y los que mandan no son solo ellos, los políticos. A ellos les toca representar el papel del gran payaso y los payasetes que, en equipo, manejan a las marionetas (ahí entramos nosotros en escena). Pero hay más, van por escalafones y ocupan las distintas áreas de responsabilidad: tienen de todo menos de responsables. Nos chotean, nos manejan, se mean sobre nuestras cabezas y nosotros seguimos levantándonos cada día soportando una tras otra todas las tropelías que han venido y están por venir.
El sistema no funciona. Se ríen de nosotros. Lo hacen en asuntos de gran calado, pero también en otros más domésticos. Seis días llevan todos los ascensores del Ceuta Center estropeados. Seis días en este último periodo de sinvergüenzas al poder, porque en el fondo llevamos arrastrando meses con las mismas averías. Pero no pasa nada. ¿Qué va a pasar salvo que somos unos tontos que nos conformamos con todo lo que nos echan encima? Se suspenden juicios, causas con preso: y no ocurre nada. Al señor político y al señor responsable de la Gerencia de Justicia les da igual que un preso no pueda ser juzgado porque su vista judicial se ha pospuesto.
También les da igual que haya gente impedida que no pueda subir las escaleras, personas mayores que se asfixian mientras van ascendiendo los peldaños, mujeres con sus carritos de bebé que tienen que cumplir con sus quehaceres y las ves sacando fuerzas de donde no las tienen. No, no les importa nada. Aquí estamos los tontos que aguantamos todo, hasta la incompetencia de los mal llamados servidores públicos y sus pupilos, repartidos en áreas de poder para seguir riéndose de todos nosotros, de todos los que formamos esta sociedad acomplejada, egoísta, amenazada y temerosa. Se ríen de nosotros. Lo consentimos y seguimos nuestro rumbo, salvo un mínimo derecho al pataleo. Ojo, llegará el día en que ni de eso seremos capaces. ¿Para qué?, nos preguntaremos.






