¿Qué hace que un menor marroquí se eche al mar para escapar de Marruecos y entrar en Ceuta?, pero, sobre todo, ¿qué motiva que lo hagan decenas a la vez?
Lo ocurrido este fin de semana, cuando decenas de menores se echaron al mar exponiéndose a una muerte más que probable de no ser rescatados por la Guardia Civil, abre el debate y las opiniones.
Algunas tan básicas como atribuir esta llegada a un efecto llamada derivado de las peticiones de traslados de menores a la Península. Es quizá la conclusión más sencilla y fácil de exponer, pero no por ello la adecuada.
Estadísticamente, el área de Menores ha registrado mayores picos de entrada en los meses de verano, julio y agosto.
Son los que siempre han sido elegidos para cruzar, se difundan o no informaciones sobre traslados a la Península.
Las condiciones del mar, el tiempo, el camuflaje de la niebla también pesan, pero no siempre son motivo seguro de entradas ya que hay noches de niebla en las que no hay intentos de entrada a nado.
Entre la tarde noche del viernes y la madrugada del sábado más de 50 menores entraron en Ceuta. La clave estaba en la ausencia de la Marina marroquí y en la inexistencia de controles que impidieran que menores se acercaran a los arenales para echarse al mar.
Quienes se encontraban en el paseo marítimo de Castillejos veían cómo los chicos se echaban a un mar embravecido sin que nadie los parara.
Iban con la misma ropa de calle, es decir, sin traje de neopreno. Con el bañador y muchos de ellos sin camiseta siquiera. Tal cual, en un acto improvisado. No hay vigilancia, se echan al mar y los demás copian. Y así decenas y decenas.
La Guardia Civil salvó las vidas de muchos de ellos. A otros ni siquiera los pudo ver.
En la mañana del sábado una embarcación marroquí empezó a recoger a nadadores, mientras la Benemérita se reforzaba con otra patrullera.
Es la escena que se ha repetido toda esta madrugada. Marruecos, ya con medios en un mar más calmado, sacó más embarcaciones contando con la guía y la cooperación de España, con equipos como cámaras térmicas y radares para atisbar la presencia de personas en el mar.
Durante toda la jornada no han cesado los intentos, tanto la pasada noche. Pero no han fructificado en su amplia mayoría debido a esa cooperación a pie de espigón.
Durante los meses de verano seguirán esos intentos, más aún cuando existe una conexión directa entre quienes están a este lado de la frontera y los que aún no han cruzado.
Meses propicios en los que existe un no parar de pretendidos cruces a nado.
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