Opinión

Por fin me caso

Ya a los 59 he encontrado mi pareja ideal. “Bien está lo que bien acaba” que decía mi difunta tía Amparo, una de las personas más casamenteras con las que me he topado en mi vida. Siempre tenía una retahíla de frases hechas para estos menesteres: “que sea limpia y hacendosa, mujer de su casa, se te va a pasar el arroz, la gente pensará mal de ti, eres mocito viejo, serás un solterón, etc..”

Así, mi tía Amparo se pasó sus últimos 30 años, con esta obsesión con su sobrino por el casamiento. Hasta el loro viejuno que lo había heredado de su abuelo, cada vez que iba a casa de mi tía me decía lo mismo: “¿Ya encontraste moza?”

Hoy le hubiera dado una alegría a la difunta pues ando arreglando papeles del casorio.

Será sonada, una boda entre un ser humano y un holograma creado con inteligencia artificial.

Ya he elegido a mi pareja, se convertirá en escultura holográfica creada a partir de perfiles de mis relaciones anteriores.

Estoy ya diseñando mi traje, el de mi novio y el de nuestros invitados.

Me he hecho un amor ideal: guapo, elegante, 1’75, buena persona, inteligente, que le guste el cañonazo y que escriba el próximo Premio Planeta.

Se llama Adefesio Rodríguez, es un nombre extraño pero la inteligencia artificial tiene razones que desconocemos.

Viviremos otro tipo de amor explorando relaciones íntimas, simulando emociones, viajaremos por el mundo, leeremos poesía y nos amaremos como los amantes de Teruel.

Una pareja creada por la inteligencia artificial y un humano es una opción para una buena compañía (aunque sea la misma ruina para los psicólogos).

Besar a un holograma, apretar un botón para hacerlo desaparecer o parecerlo, sentir sus caricias, modular su voz, dotarlo de un chip con mis gustos, mis historias de relaciones frustradas para que me ayude a superarlas.

Adefesio Rodríguez y Carlos Antón anuncian su compromiso.

La boda será en la Casa de los Dragones, oficiará la ceremonia Carles Puigdemont (que se librará de ser detenido). La madrina será mi tía Amparo y mi amigo Ismael que siempre me decía “eres más feo que Pício y te quedarás para vestir vírgenes”. Menos yo, Adefesio Rodríguez, todo será virtual: aplausos, invitados, ramos de flores, bailes y los coros y danzas del ejército ruso.

También el cañonazo será un holograma y emitirá el estruendo de las 12 que llegará hasta Melilla.

Me ahorraré un pastón en páginas de contactos en las que he pasado cientos de horas de acá para allá.

A ver si los compis del sindicato me explican cómo tramitar los 15 días del permiso de boda y, si llega el momento, los cuatro meses de paternidad.

¡VIVAN LOS NOVIOS!

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