El arte de hacer política no debe salirse de unos márgenes establecidos. Terminar politizando todo es insano, como también lo es dejar que el rencor o la obsesión personal dominen las propuestas de los partidos. Si Ceuta, en muchos aspectos, vive atrapada en un particular Día de la Marmota es precisamente por esto, porque hay quienes se empeñan en reducir todo a una pelea de egos, en sacar a colación debates sobre asuntos que debían estar superados, en seguir atrapados con complejos que nada tienen que ver con la modernidad y el avance que debe tener esta tierra si no quiere morir de tantas veces que lo ha intentado.
En tiempos de covid deberíamos haber aprendido a superar situaciones egoístas pero parece que ha sucedido todo lo contrario. El confinamiento ha debido afectar, y mucho, a quienes tienen el deber de ser un ejemplo ante los ciudadanos demostrando la altura de miras en asuntos clave para que Ceuta pueda creer que todavía tiene futuro. Pero lejos de ser así, asistimos a peleas insanas, enfrentamientos de guardería y luchas basadas en recelos personales y no en las diferencias que podrían tener un origen en la mera ideología. No, aquello se perdió en un escenario de valores cada vez más inexistente. Ahora los enfrentamientos tienen que ver con los reproches y no con conseguir medidas orientadas a que en esta ciudad todos, y no solo unos pocos, podamos vivir mejor. Y a eso, ahora, hay que añadirle el ‘podamos simplemente vivir sanos’.
Más de uno debería quitarse la careta y dejar claro qué es lo que defiende con sus posturas: ¿la vida, una Ceuta más segura ante el avance del covid o los intereses de determinados grupos de presión? Sería una demostración de valentía que lo hicieran. Cuando se trata de que muera menos gente, de que haya menos contagios y de ponerle trabas al virus no valen argumentos que parecen más bien nacidos de la protección al amigo o del quedar bien con aquellos grupos a los que aferrarse para buscar caladeros de votos.
Y es que cuando se trata de defender la vida, como ayer decía el diputado Mohamed Alí, hay que ser valiente, no entregarse al doble juego y sobre todo tener claro lo que está pasando, a qué nos exponemos y cuáles son los límites que hay que establecer por mucho que eso suponga quemarse en la hoguera. O somos claros para ver la realidad o jugamos a ponermos vendas en los ojos, pero ¿a costa de qué?
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