El Partido Popular ha exigido la puesta en marcha de un Plan Nacional para Ceuta que, en el fondo, venga a garantizar derechos y libertades para los ceutíes. Es decir, que un nacido en esta tierra sea considerado de igual forma que otro nacido, por poner un ejemplo, en León.
Resulta que hoy, algo tan básico como esto, no sucede. Resulta que hoy los ceutíes se sienten despreciados y abandonados por un Gobierno de la Nación que no estuvo a la altura en el momento de la entrada masiva ni tampoco lo está ahora, cuando han pasado más de 20 días de aquel 30 de julio en el que todo cambió.
Los ceutíes no se sienten arropados, tampoco ven que haya regresado la normalidad a sus calles, a su vida, a su día a día. Quieren resultados de una gestión clara y transparente para que todo esto termine.
Lejos de que ese sea el centro de atención, en los últimos días se está politizando todo lo que tiene que ver con esta ciudad. Y eso no es bueno, menos lo es que las recientes visitas ministeriales hayan torcido sus discursos haciendo ver que la culpa de todo lo que está sucediendo es de la Ciudad Autónoma, como si un pequeño Ayuntamiento tuviera que resolver los problemas de Estado. No se puede ni caer tan bajo ni resultar tan indecente.
Ni son buenos los tonos elegidos en las últimas comparecencias ministeriales, ni tampoco las declaraciones de otros miembros del equipo de Pedro Sánchez, molestos por el tono elegido por un presidente de la Ciudad que siempre ha sido leal, que siempre ha mantenido una postura correcta que le ha llevado incluso a enfrentarse a su propio partido.
¿Qué pretenden de un presidente de Ceuta ante lo que está ocurriendo?, ¿les molesta que traslade lo que todo el mundo piensa o sospecha?, ¿acaso olvidan que lo que está sucediendo en la ciudad no es más que el resultado de la falta de ejecución, celeridad y atención que se presta desde Madrid a esta tierra?
Ceuta tiene muchas razones para sentirse molesta, engañada y olvidada. Tantas como consecuencias de esa entrada masiva de miles de inmigrantes en un claro ataque a la integridad territorial que el propio presidente Pedro Sánchez ha reconocido.
No se puede caer tan bajo, ni mucho menos buscar problemas en torno al que ahora mismo debería ser un asunto prioritario para el Gobierno de España y para Europa.
La dirigente popular Cuca Gamarra dejó claro en su visita a Ceuta lo que cualquier ciudadano ve: que los derechos y libertades que cualquier español disfruta parece que se hubieran perdido cuando se cruza a esta tierra.
No hay más objetivos urgentes que garantizar que aquí se pueda volver a la normalidad, que aquí no se generen miedos, que se hable de inversiones, de mejoras e impactos económicos para una tierra que había marcado un camino claro, que tenía una evolución establecida, pero que se ha visto atacada en su eje neurálgico.






