Rafael hablaba indignado bajo un sol que parecía vaciarse sobre él. Ocurría ayer, en plena calle Real. Ayer era el Día de la Ciudad Autónoma de Ceuta y este hombre se quejaba de la escasa actividad que conllevaba la fiesta. O algo así. Rafael decía que Ceuta, en el día de su autonomía, se convertía cada año en una ciudad fantasma. “Está todo cerrado, no hay actividad en la ciudad, no hay actos para que el pueblo participe y no sé dónde acudir con mi hijo. Un domingo es normal que pase esto, pero hoy, con la celebración, la ciudad debería bullir actos, que la gente participase de eventos creados para el pueblo, no sé, otra cosa”. Al menos Rafael tenía el día libre.
Ni se le ocurra preguntarle por el día festivo a Manolo, señor con un bigote ancho que levanta una montaña de palabras sobre el silencio de la calle Teniente Arrabal. “El otro día estaba pensando yo en eso, en qué sentido tenía esta fiesta para los ceutíes. Y llegué a la conclusión de que ninguno. Aquí la gente no tiene sentimientos de nada, esto es una pantomima más para los políticos, para que los funcionarios trabajen aún menos...”. Era imposible pararlo. Manolo cogía carrerilla y cambiaba la fiesta. “Un desfile con algo, con cabezudos, algo para que la gente se adentre en la fiesta y se sienta ceutí. Un día para reflexionar sobre la ciudad autónoma, qué nos falta y qué nos sobra...”.
Una fiesta institucional. “Vamos para las instituciones”. Era la forma que tenía Juan de calificar el Día de la Ciudad. “Mira, si alguien no va al acto de las Murallas, es que ni siquiera se entera de que se celebra el Día de la Ciudad Autónoma”, destacaba.
Las críticas al Día de la Ciudad Autónoma se repetían ayer. Los ceutíes pedían más actividades, comercios abiertos, “nadie les obliga a cerrar, después se quejan de la crisis y del turismo, hombre claro, quién va a venir así”, resoplaba Marga.
“Se debería reflexionar sobre lo que queremos, si queremos ser ciudad autónoma o comunidad autónoma, como el resto de las regiones de España”, refería otra señora con bañador y toalla que intentaba orientar a un grupo de turistas que no sabía dónde meterse. “En Algeciras, allí está hoy todo abierto, irse allí mejor”, señalaba con gestos ampulosos.
“En lugar del Día de la Ciudad se podría llamar el Día de la Playa, que en ella no cabe ni un alfiler”. A dos pasos del Revellín, Paco lo solucionaba todo. Era su forma también de reivindicar más actividades. “Y en vez de un día, deberían de ser cuatro seguidos, ya puestos a pedir”. La guasa de Ceuta también se dejaba notar ayer. Era “un domingo más que nos regalan cada año”, concluía Paco.
“Y que no digan que los ceutíes no participarían de las actividades que se programasen”, pedía Ana, “primero, tendrán que hacer cosas y que se compruebe”.
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