La semana pasada se conocieron los nombres de los elegidos para la lista de uno de los primeros planes de empleo en ponerse en marcha. La expectación que genera este tipo de selecciones es lógica en una ciudad en la que los yacimientos económicos son más bien escasos y la creación de trabajo es nula.
Quien más quien menos sueña con tener su colocación en un Ayuntamiento a punto de reventar. Los valientes que deciden montar su propia empresa chocan con un sistema que les da la espalda, no les facilita en nada ser emprendedores y les machacan a impuestos. Ante este panorama, los Planes se presentan como la única oportunidad para conseguir meses de cierta estabilidad. Pero claro, las casualidades (o no) terminan haciendo crecer ese lote de inseguridades y malos pensamientos que siempre ha rodeado esta selección. Porque no me dirán que resulta curioso (o no) que entre los seleccionados figure una mujer de más de 70 años, impedida para el trabajo y, en cambio, no sus hijos, jóvenes y con antigüedad en el paro. Lo mismo sucede cuando aparece una señora en base a unos datos tan poco actualizados que resulta que ya no está ni viviendo en Ceuta, pero ni aquí ni en otra ciudad... porque sencillamente ni está. Los procesos de selección pueden tener algún margen de error, pero éste no cabe en unos procedimientos sobre los que tanta rumorología hay y sobre los que se genera una expectativa que tiene mucho que ver con el tipo de ciudad que tenemos, con una Ceuta improductiva, con una Ceuta cuyo desarrollo es inviable más allá de los cuatro sectores básicos que parecen, encima, estar vetados a unos pocos. Nadie se hace responsable de estos patones, como nadie ofrece respuesta alguna o explicación a cómo pueden ser elegidas personas sin carga alguna mientras en otras unidades familiares el castigo de la falta de recursos y de la inexistencia de un trabajo les marca por siempre, durante años... pareciera que fuera endémico ya. Casualidades (o no), aquí ya no hay ‘listas fantasma’ ni deslealtades ni llaves guardadas en cajas fuerte. Aquí solo hay necesidad de explicaciones. No más.





