Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”. Si esta frase de Gandhi es la vara para medir a una sociedad, Ceuta puede considerarse un lugar incivilizado y salvaje en la que algunos de sus futuros ciudadanos y que, en algunos casos, podrían regir el destino local, demuestran con sus actos una falta de sensibilidad, empatía y una maldad totalmente inconcebible, máxime si se tiene en cuenta la edad de sus autores.
El último caso de violencia registrado en una de las barriadas de la ciudad tuvo lugar la noche del pasado lunes cuando unos niños (de unos 7 u 8 años) se ‘divertían’ pateando a tres crías de gatos. El cuarto de ellos había corrido peor suerte y sufrido una terrible y dolorosa muerte a manos de estos pequeños criminales, que habían despellejado vivo al pobre animal. De no ser por una vecina de la zona que encontró a los pequeños a tiempo, éstos habrían sufrido una horrible muerte mediante las terribles prácticas ideadas por mentes tan retorcidas. Muchos pensarán que únicamente son niños, sin la suficiente conciencia para entender las atroces acciones que están ejecutando en seres inocentes, pero no es así, pues dentro de estos niños se ocultan maltratadores en potencia, así como posibles futuros asesinos.
Existen estudios que coinciden en que el niño o adolescente que maltrata o mata a un animal tiene un alto porcentaje de convertirse en un adulto violento capaz de cometer crímenes y todo tipo de maltrato. El 46% de los asesinos en serie fueron maltratadores de perros o gatos durante su adolescencia, según un estudio del FBI, que también relaciona a los torturadores de animales con maltratadores de género. Aunque parezca que estos datos nos pillan lejos, lo cierto es que, desgraciadamente, no es así. Investigaciones similares en nuestro país apuntan a la estrecha relación entre homicidas, violadores y asesinos en serie con las torturas practicadas por estos delincuentes contra animales en su infancia o juventud. En este caso un 41,7% de ellos había maltratado a los animales en el pasado.
Si esto es así, ¿qué tipo de sociedad se está generando en Ceuta cuando unos niños de corta edad idean tan terrible tortura a animales indefensos? Tal vez sea cierto que no tienen la suficiente capacidad para entender que están jugando con la vida de seres que sufren y padecen igual que un ser humano. Es, por tanto, tarea de los padres y educadores inculcar en ellos una semilla fundamental que derive en adultos íntegros, solidarios y empáticos con cualquier vida. En esta función no pueden estar exentas las autoridades que deben implicarse con otro tipo de actuaciones, el de aplicar con mano inflexible las pertinentes sanciones a los progenitores cuyos hijos incidan en este tipo de acciones. Mirar hacia otro lado es convertirse, prácticamente, en cómplice de este tipo de acciones, contra las que nadie parece querer adoptar las medidas necesarias.
En manos de todos está el conseguir una futura sociedad justa, benévola y honesta donde la maldad contra cualquier ser vivo sea un hecho despreciable y censurable por toda la ciudadanía.






