La compañía ‘La Baranda’ ofreció ante un público que casi llenó el teatro la lucha de la mujer gaditana en 1812
Se hace la oscuridad, el silencio queda mudo y los espectadores contemplan cómo la tarima del escenario luce ahora repleta de mujeres, maduras, adultas y medio niñas. Se sientan alrededor de dos mesas y, mientras tratan con sus ajados dedos gigantes hojas de tabaco procedente de la hermana Cuba, emprenden un diálogo feroz, llameado por las injusticias que las azotan cada día en la Cádiz previa a la Pepa del 12, una miseria humana que comprende un trabajo cercano a la esclavitud, con una remuneración irrisoria, una vida sin un paréntesis de diversión y con un horizonte lúgubre estrangulando el menor resquicio de luz.
La primera escena, la del pueblo, la del obrero, la de la mujer, da paso ipso facto a la segunda, en la que Jose I Bonaparte, el hermano del ínclito Napoleón, desata un monólogo en pos de explicar las directrices de su mandato, algo que hace con una primera frase demoledora: “¡Vaya regalito que me ha dado mi hermano!”.
Provocó la exclamación de Pepe Botella la primera de las muchas carcajadas que anoche atronaron el Teatro Auditorio del Revellín con motivo de La revolución de Las Pepas, de Stella Manaut, la obra teatral que llegó a la ciudad de la mano de la compañía gaditana La Baranda Teatro y bajo la dirección de Gari León para mostrar la lucha de la mujer gaditana contra Napoleón.
Ante un respetable que casi completa el aforo, la obra, marcada por un ambiente costumbrista, fue deslizándose mientras se narraban los hechos acaecidos en Cádiz en el período comprendido entre 1808 a 1814 hilados, por un lado, por las opiniones de una serie de trabajadoras de una fábrica de tabacos y, por otro por, por José I Bonaparte, como sucedió desde el primer acto.
La acción de La revolución de las Pepas transcurre en los momentos previos a la aprobación de la Constitución de Cádiz en 1812, conocida como La Pepa, en la que estas mujeres tenían puestas sus esperanzas para ser tratadas igual que los hombres, aunque finalmente se vieron defraudadas al comprobar que no se habían acordado de ellas.
Ana María Calvillo, Leticia Payno, María Caballero, Mercedes Fernández, Mila Guillén, Pepi García y Pepa Salazar, sobre el escenario diseñado por León y Joaquín Muriano, ofrecieron, en definitiva, una lección de historia en La revolución de Las Pepas, una representación que culminó con el aplauso del público asistente y con el beneplácito de un trozo de la historia pasada.
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