Hasta hace poco el mundo tenia a los Estados Unidos como un modelo de democracia donde se respetaban los derechos y libertades de los ciudadanos. Sin embargo, hoy después de ver los atentados a las libertades que se vienen sucediendo nos tenemos que cuestionar hasta donde van a llegar en ese desandar del camino de las libertades.
Nos parecía que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había llegado al límite de sus impúdicas decisiones por sus faltas de respeto a periodistas, por cuestionar el resultado de unas elecciones, por insultar a todo el que no piense como él y por las miles de payasadas que desgraciadamente aplauden sus incondicionales.
Parecía que su batalla era contra la inmigración, que nunca en el país de las libertades se iba a poner en entredicho la inviolabilidad del domicilio y, mucho menos, que se iba a tratar a los inmigrantes como animales. Creíamos que, a pesar de su crueldad, iban a respetar a los niños, que no los maltratarían. Eso, creíamos, pero no ha sido así.
Nos parecía que el odio se limitaba al inmigrante pobre latino o de color, como ocurre en otras democracias, pero su odio y falta de respeto va más allá, traspasa la frontera de la obscenidad, de la mínima decencia y respeto, porque ha sido capaz de insultar a millones de afroamericanos publicando un video racista que representaba al expresidente Barack Obama y su mujer, Michelle, como una pareja de monos.
Nos parecía que esto no podía pasar en Estados Unidos, pero cuando en un país su presidente se permite cometer delitos, porque el racismo es un delito “todavía” en ese país, puede pasar cualquier cosa. Cosas como tener una policía de inmigración con poca supervisión y que esa falta de control cueste la vida a dos personas, maltraten y persigan alocadamente a los inmigrantes, en muchos casos ciudadanos americanos de procedencia latina.
Nos parecía imposible que se pudiera hablar sin pudor de “medidas extraordinarias” por detenciones sin orden judicial, la vigilancia masiva a extranjeros o que el uso de fuerza excesiva puede convertirse en práctica habitual. Lo peor, que, una vez normalizadas estas sucias herramientas, pueden extenderse más allá del ámbito migratorio.
Las democracias se basan en principios como el estado de derecho, la igualdad ante la ley y la separación de poderes. Unos principios que no se pueden cuestionar, porque las democracias perderían su esencia y se van transformando en dictaduras, en principio, con apariencias de democracias para convertirse finalmente en puras dictaduras. Eso puede estar ocurriendo. Pero Estados Unidos esta muy lejos y no nos debe preocupar a los españoles. Eso pensaran algunos.
Sin embargo, cuando en nuestro país hay políticos que empiezan a manosear el circo de Donald Trump y los ciudadanos empiezan a reírle las obscenidades que esputan por sus sucias bocas, la gente decente debe ponerse en guardia para defender nuestra democracia, porque podemos sufrir escenas tan penosas como las que están ocurriendo en el país de la democracia.






