Llevando el encierro lo mejor posible cada uno, la herramienta que claramente se nos convierte en indispensable y la mejor amiga que tenemos para sobrellevar el tedio y la desesperanza es, bien usada, la televisión, o en su defecto el dispositivo que usemos para ver series o cine. Y digo bien usada porque en la era digital de la información, precisamente es la sobreexposición a la misma la que puede realizar el efecto boomerang de minar nuestra moral con la avalancha de malos ratos. Así las cosas, paso a analizar someramente la cinta revelación de las plataformas en la actualidad, la que mucha gente comenta por sorprendente y por haber despertado un interés de carácter generalizado en una población que precisamente ahora puede permitirse el otrora gran lujo de invertir casi dos horas de su tiempo en ver una película.
Eso sí, me he animado a verla por los comentarios de unos y otros, pero Netflix no ha tenido especial tino a la hora de estrenar precisamente ahora esta historia claustrofóbica de supervivencia, angustia y opresión. Y también me parece igualmente desafortunado tanto espectador intrigado que luego acaba flaqueando de ánimos pensando que va a acabarse el mundo. No es otra que El hoyo, la interesante apuesta distópica de ciencia ficción y mala baba con elementos gore y oscuridades a entre cada pliegue del realizador bilbaíno Galder Gaztelu-Urrutia, que bebe a chorros de Cube, imposible de no acordarse de ella cuando hablamos de esta producción, y que apela a la conciencia social al igual que critica la lucha de clases y te deja desolado si estás viviendo los efectos de un confinamiento. Quién se lo iba a decir a director y guionistas cuando se gestaba esta idea…
La trama nos lleva a un futuro posible y por fortuna poco probable (creo), muy poco atractivo, donde hay gente que vive en distintos niveles (un número indeterminado de niveles, dos personas por nivel), en distintas plantas de un gigantesco complejo, y que tienen que comer aquello que les va sobrando a los que habitan en niveles superiores. Tan inquietante como interesante. La obra, que ha levantado mucha expectación precedido su estreno por numerosos aplausos y nominaciones en festivales variados de dentro y de fuera de España, llega como hemos dicho en momento poco propicio; es por ello que tendríamos que aplicarle el coyuntural y singular apelativo de “no recomendación de una película recomendable”. Es así que excepto que sean ustedes masoquistas o de moral inquebrantable, les insto a que se pongan a ver otra cosa más alegre, pero, eso sí, se guarden este título para celebrar el fin del encierro, porque se antoja un rato bien invertido de notable calidad e interpretaciones. Seguirá dando que hablar, pero hagámoslo cuando nos centremos en su enfoque artístico, y no por ser un reflejo de lo peor del día a día…
Puntuación: 7
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