Para quien espera una llamada

Al otro lado del Tarajal, en Castillejos, hay familias que llevan más de un mes sin saber. Salieron de casa el 29 o el 30 de julio, no han vuelto, y desde entonces sus padres, sus hermanas, sus hijos viven pendientes de un teléfono que no suena. Este artículo no está escrito para juristas. Está escrito para ellas, y para quienes en Ceuta pueden hacérselo llegar.
La forma en que una persona entró en territorio español no altera los derechos de su familia. El derecho a conocer qué ha ocurrido con un familiar, a que sus restos sean identificados y entregados y a darles sepultura conforme a sus creencias corresponde a los parientes y no depende de la situación administrativa del fallecido.
Hay algo más incómodo de decir, pero es la información más útil que puede darse ahora mismo. La identificación de los fallecidos avanza con enorme lentitud, y no solo por dificultades técnicas. Avanza despacio porque muy pocas familias han presentado denuncia formal y han aportado muestras genéticas. Los forenses y los especialistas de la Guardia Civil ya disponen de las huellas y de los perfiles de ADN de los cuerpos, pero un perfil sin nada con que compararlo no es nada. Sin denuncia y sin muestra de un familiar directo, un cuerpo puede permanecer meses sin nombre.
Dicho de otro modo: la denuncia no es un trámite burocrático más. Es la llave.

Dónde acudir

Hay dos canales oficiales abiertos, y ambos son gratuitos.
El primero es la oficina de desaparecidos, situada en las dependencias de Aduanas de El Tarajal, abierta de ocho de la mañana a nueve de la noche. Allí se recogen las denuncias, se recaban fotografías y datos personales, y a partir de ahí se realiza la búsqueda.
El segundo es el correo electrónico oficial habilitado por la Comandancia de la Guardia Civil de Ceuta: ce-cmd-ceuta-pjlaboratorio-identificacion@guardiacivil.org
Por esa cuenta pueden enviarse también fotografías, no solo texto, y la Guardia Civil garantiza un tratamiento confidencial. Está abierta tanto a familiares como a cualquier persona que disponga de datos útiles.
No es una iniciativa aislada ni un cauce oficioso: la propia Guardia Civil ha difundido un llamamiento en árabe pidiendo que quien crea que un familiar entró a nado en Ceuta presente denuncia, solicitando expresamente detalles como la ropa que vestía, las cicatrices o los tatuajes.

Qué conviene aportar

a) La denuncia de desaparición, aunque se dé por hecho lo peor y aunque se tema que denunciar acarree consecuencias. Para la familia no las tiene.
b) Una muestra genética de un pariente de primer grado, preferentemente madre, padre, hijo o hermano. Es lo único que permite el cotejo cuando no hay huellas útiles ni documentación.
c) Todo lo que ayude a reconocer: fotografías recientes y de frente, tatuajes, cicatrices, fracturas antiguas, informes dentales, la ropa y el calzado que llevaba, anillos u otros objetos, el número de teléfono y la hora del último contacto, copia de su documento de identidad.
d) Constancia de cada gestión: con quién se habló, qué día, qué número de referencia dieron. En procedimientos largos, quien tiene el papel tiene la razón.
e) Preguntar por el estado del expediente sin miedo. Preguntar no perjudica, y a menudo desatasca.
Desde Marruecos, el Consejo Nacional de Derechos Humanos y las organizaciones de derechos humanos con implantación en Tetuán, Fnideq y Nador vienen acompañando estas gestiones y saben cómo canalizarlas.

Lo que corresponde al Colegio

De ahí que el cauce natural no sea el despacho particular, sino la corporación. Los colegios de la abogacía tienen atribuida por su Estatuto la función de organizar servicios de orientación y asistencia jurídica en beneficio de quienes más protección necesitan, y así se hizo, por ejemplo, tras la DANA de Valencia.
Sería deseable que en Ceuta se articulase un servicio de esta naturaleza, con letrados formados y con capacidad de atender en árabe. Materia hay de sobra: acompañamiento en los procedimientos de identificación, acceso a la información forense, tramitación de la repatriación de los restos, hoy bloqueada, y orientación sobre plazos que corren aunque nadie los esté contando. Un servicio así ordenaría lo que ahora está disperso y evitaría que la ayuda dependa de quién llegó antes al teléfono de una familia rota.
Mientras tanto, quien lea esto y tenga contacto con alguna de esas familias puede hacer algo muy sencillo y muy útil: decirles que denuncien, que den la muestra, que guarden el papel. Es poco.
Pero es exactamente lo que hoy hace falta.

Las claves

Denunciar

La denuncia es la llave

Las familias deben presentar una denuncia formal por desaparición aunque teman que no sirva de nada. Sin ella, y sin una muestra genética de un familiar directo, la identificación de los fallecidos puede prolongarse durante meses.

Muestras biológicas

ADN para poner nombre

Los forenses y especialistas de la Guardia Civil ya cuentan con huellas y perfiles genéticos de los cuerpos, pero necesitan muestras con las que poder cotejarlos. Madre, padre, hijos o hermanos pueden aportar el ADN necesario para identificar a un desaparecido.

Oficina desaparecidos

Dos vías gratuitas

Las familias pueden acudir a la Oficina de Desaparecidos de El Tarajal, abierta de 8:00 a 21:00 horas, o contactar con la Guardia Civil a través del correo habilitado. Pueden aportar fotografías y toda la información que ayude a reconocer a la persona.

Para las familias

Asistencia jurídica

El Colegio de la Abogacía debería ofrecer asesoramiento gratuito y en árabe a las familias durante todo el proceso.

Una advertencia

Conviene decirlo con claridad. Nadie puede acelerar una identificación forense a cambio de dinero. Nadie puede garantizar la repatriación de un cuerpo a cambio de dinero. Si alguien se acerca a una familia prometiendo eso, no está ofreciendo un servicio: está aprovechándose de un duelo.

Esto vale también para mi profesión. El artículo 8 del Estatuto de la víctima del delito prohíbe expresamente a los abogados dirigirse a las familias de las víctimas de una catástrofe para ofrecerles sus servicios durante los cuarenta y cinco días siguientes al suceso. La ley lo llama, con acierto, período de reflexión. No existe para proteger a los despachos de la competencia, sino para que nadie firme, en las horas más frágiles de su vida, algo que no habría firmado nunca.

Una familia que necesite un abogado lo encontrará. No hace falta que un abogado la encuentre a ella.

Ignacio Asencio Fernández

Abogado

Colegiado n.º 390 del Ilustre Colegio de la Abogacía de Ceuta.

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