La justicia debe actuar sancionando ajustándose a una legislación que en muchas ocasiones no parece lo adecuada a lo sucedido. Los centros escolares deben reaccionar nada más detecten el mínimo indicio de un acoso escolar en sus aulas. Pero somos también los padres los que tenemos que frenar de inmediato esa escalada de violencia no solo física sino también psicológica que se ejerce entre alumnos y contra la que, nada más tener constancia, debemos intervenir.
Es algo que nos incumbe a todos. En las últimas semanas han cobrado mayor relevancia mediática dos casos de agresiones a niñas que se encontraban ya fuera de los centros escolares donde cursan estudios. Agresiones que fueron grabadas haciendo uso de teléfonos móviles para difundir posteriormente dichos vídeos. No solo se ejerce un daño físico sino también psicológico sobre unas víctimas que suman a la agresión sufrida la vergüenza.
Esto está pasando y aunque nos hayamos fijado en dos casos son muchos más. Suceden fuera de las aulas pero en muchas casos los orígenes tienen que ver con conflictos iniciados dentro del centro y a los que los propios padres tampoco han colaborado en poner remedio por no estar atentos a determinadas alertas, a comportamientos de nuestros hijos anómalos.
No vale buscar en otros ámbitos la responsabilidad ni mucho menos el castigo. Cada uno tiene su margen de actuación. Viendo algunos comentarios de quienes dicen ser padres en redes sociales a las noticias publicadas sobre este tipo de violencia, da mucho que pensar por el tono empleado y por el reclamo de la mítica aplicación del ‘ojo por ojo’. Si a esa nivel llegamos, exteriorizándolo en comentarios públicos, imaginen el ejemplo que estamos dando a unos adolescentes de lo que es la violencia.
Escribir en redes: “yo a ese bastardo lo mataba” o “déjamelas a mí”... no es la solución más propia para detener unos comportamientos como los que desgraciadamente hemos visionado.
Cuando golpearon a una niña en la plaza Nelson Mandela fueron no uno sino muchos adultos los que a plena luz del día pasaron por el lugar y ni tan siquiera actuaron. Vieron y pasaron. Como se hace en otros casos en los que se producen auténticos linchamientos con críos protagonistas que no alcanzan ni la edad penal para responder judicialmente de sus actos.
El nivel no es ponerse a la altura de esos ataques ni tan siquiera hacerlo con cuatro comentarios atropellados. El nivel como padres es intervenir si vemos algo y actuar ante cualquier tipo de comportamiento anómalo. Solo así, haciendo piña, se logrará algo.






