Por las calles del centro de Ceuta, entre escaparates que se resisten al tiempo y rincones llenos de memoria, hay una tienda que está a punto de cerrar sus puertas para siempre.
Este sábado, Francisco Sánchez, conocido por todos como Paco, bajará por última vez la persiana de la Casa de las Medias.
53 años de trabajo, casi cuarenta en la Casa de las Medias y a sus 67, el ceutí Francisco Sánchez, dice adiós al negocio de su vida tras años de dedicación y entrega a sus quehaceres.
Ceutí de nacimiento, primero vivió por el Mixto, en el campo exterior, y desde hace años vive en el centro.
Y es desde ese corazón de la ciudad en donde ha estado al frente de su tienda, convirtiéndola en mucho más que un comercio en la galería de La Riojana.
Para muchos, era también una parada habitual, un lugar de confianza, una charla amiga asegurada. “Yo he tenido unos muy buenos clientes, tanto de la parte de Marruecos como de aquí, fenómenos. Estoy encantado de la vida”, asegura.
Paco tiene tres hijos: dos hombres y una mujer; y seis nietos que lo empujan con amor hacia esta nueva etapa. “Mi mujer, mis nietos y mis hijos me tienen loco ya con el: ¡cierra ya, disfruta un poquito más!”, dice con humor.
Y no le falta razón a su mujer, ahora es el momento de disfrutar del tiempo libre tras años de trabajo. “Chiquillo, venga, chiquillo, deja la tienda”, le insiste su mujer.
Habla con ternura, sin tristeza, pero con ese nudo inevitable en la garganta de la pena que provoca pensar en cerrar por última vez la puerta de algo que él mismo levantó de la nada. “Estoy contento, a la vez se tiene una cosilla por dentro, como diciendo, ya te tienes que ir… pero ya la edad te lo pide también, ¿no?”.
Paco, como él bien indica, es conocido en toda Ceuta y es que su tienda le ha brindado la oportunidad de emprender no solo un negocio sino una infinidad de amistades cercanas.
Este sábado, será el último día en el que la Casa de las Medias mantendrá sus puertas abiertas.
Veremos a Paco recogiendo, empacando el material de toda una vida, pero sus clientes todavía podrán acercarse para hacerse con esa última prenda de la tienda de Paco, como siempre, pero por última vez.
Cuenta Paco que “pena se va a sentir siempre”, pero no está triste, aunque teme sentir ansiedad al enfrentar el cierre final.
A sus clientes les deja palabras sinceras y llenas de agradecimiento: “Estoy muy agradecido a todos ellos, yo he vivido de mis clientes y espero que tengan todos mucha salud, que es lo más importante, y que Dios a mí no me olvide, ni a los míos”, traslada entre risas.
También se acuerda de quienes lo acompañaron en el camino, como Ana Mari, su trabajadora de confianza.
“Estuvo aquí bastantes años y estamos muy agradecidos con ella. Ha sido una etapa muy buena”. Ella, junto a otras empleadas que pasaron por la tienda, forman parte de la red invisible que hace a la Casa de las Medias algo más que un local comercial.
La jubilación no será un punto final, sino un nuevo capítulo. Paco sueña con pescar, pintar y descansar. “A mí me gusta pintar y no he podido desarrollar lo mío. Me gusta pescar, lo que me relaja bastante”.
Aunque, con una sonrisa, reconoce que su mujer ya tendrá “una libretilla hecha con los viajes que vamos a hacer”.
Porque ahora toca eso: disfrutar de los suyos, de los hijos fuera de Ceuta, de los seis nietos y de la vida que lo espera más allá del mostrador.
Y, cuando recoja la última caja y mire por última vez el letrero de su tienda, Paco sabrá que no cierra un local, sino que deja atrás una historia compartida con toda la ciudad.
Una historia de esfuerzo, cercanía y muchas medias y textil vendido, pero, sobre todo, risas, vivencias y un afecto duradero que perdurará en el tiempo.
Para finalizar, Paco ha querido reivindicar cómo el paso del tiempo afecta a las costumbres y cómo los cambios se vuelven notables en la sociedad, haciendo referencia a la dificultad enfrentada actualmente por los empresarios para emprender un negocio.
Antaño, esto no ocurría de la misma forma, según cuenta Paco, además de la pleitesía de los bancos, también las personas ayudaban a sus allegados económicamente o físicamente a la hora de emprender y preparar un espacio.
El cariño y la cercanía se desvanecen con el tiempo, al igual que los locales como el de Paco, rincones cargados de historia, dulzura, cercanía y, sobre todo, de sonrisas, vivencias compartidas y un recuerdo eterno, una experiencia cada vez menos frecuente con el surgimiento de las grandes superficies.
La Casa de las Medias es de esos comercios locales que ya no quedan, de los que se entabla una conversación con el cliente y el roce convierte las palabras y anécdotas compartidas en amistades.
Es por esto que Ceuta se rinde ante este cierre y siente la misma pena que Paco al decir adiós a este emblemático lugar.
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