Opinión

Pabellones, equiparación y derecho de sindicación

“Llevamos años intentando equiparar el salario de los guardias civiles... y los sindicatos ponen encima de la mesa los pabellones de la Guardia Civil”

Al parecer resulta imposible hablar de “Equiparación Salarial” sin hablar de los pabellones de la Guardia Civil, pero antes es necesario contar “toda la verdad” para informar de los motivos de esta imposibilidad y de la injusticia de intentar aprovechar esta circunstancia para medrar derechos de los guardias civiles.

Llevamos años intentando equiparar el salario de los de guardias civiles con el Cuerpo Nacional de Policía y Mossos d'Esquadra. La respuesta en cada una de las reuniones que hemos mantenido con el ministro del Interior y director general de la Guardia Civil es que los sindicatos de Policía ponían encima de la mesa los pabellones de la Guardia Civil.

Este argumento -a mi modesto entender- es un planteamiento injusto de los sindicatos y, por supuesto, una forma torticera de buscar la excusa perfecta del Ministerio para no hacer justicia con los guardias civiles.

Un solo argumento desmonta el planteamiento, porque NO todos los guardias civiles tienen pabellón, pero SÍ todos los policías nacionales cobran un complemento por estar destinados en grandes capitales “Madrid, Barcelona, etc.” y, por supuesto, jamás hemos pedido los guardias civiles que se lo quiten a ellos, sí que nos lo abonen a nosotros.

La aparición de JUSAPOL para aglutinar las reivindicaciones de guardias civiles y policías en torno a la equiparación salarial no aparcó esta reivindicación y los representantes de los Mossos d'Esquadra también han argumentado que se debe “cuantificar económicamente” que los guardias civiles tenemos pabellones.

En esta dinámica nos encontrábamos cuando el ministro del Interior plantea a las asociaciones de guardias civiles una propuesta de equiparación indeterminada, pero no sorpresiva ya que había sido apuntada en las reuniones que hemos mantenido con ministro del Interior y el propio director general de la Guardia Civil.

La propuesta del ministro del Interior, en su punto 4 decía: “Las asociaciones representativas de los guardias civiles se comprometen a aceptar la sustitución de cualquier derecho de carácter sociolaboral que no tengan reconocido los agentes de los cuerpos de los Mossos d'Esquadra por aquellos que en estos que estos últimos tengan reconocido siempre y cuando no afecten a la naturaleza del Cuerpo de la Guardia Civil para, de esta forma, culminar el proceso de equiparación entre ambos cuerpos.

En caso de no resultar posible dicha supresión o requerir un determinado plazo temporal, las cantidades destinadas a financiar tales derechos se restarán de la cantidad descrita en el punto tercero”.

No hace falta ser Séneca para entender a qué derecho se refiere el ministro del Interior y tampoco para responderle. Su ilustrísima retribuya igual a los guardias civiles, después valore cual es el precio que quiere cobrar por los pabellones y los guardias civiles  elegirán seguir en el pabellón o irse de alquiler, pero lo que no puede hacer es penalizar a los guardias civiles que no tienen pabellón como viene ocurriendo con el plus de territorialidad, porque unos 45.000 guardias civiles no tienen pabellón del total de la plantilla.

La semana pasada hablaba de que no era el momento de “mezclar churras con merinas”, porque ahora toca hablar de equiparación. No es el momento de plantearse de que el Gobierno trata de perpetuar el carácter militar de la Guardia Civil, porque los guardias civiles no están preocupados -en estos momentos por el carácter militar- y sí y mucho por la equiparación salarial con los Mossos d'Esquadra.

Lo que vengo a decir no sigue las tesis y  planteamientos de algunas Asociaciones de Guardias Civiles, pero viviendo en la utopía, en las nubes o en una realidad virtual no se conseguirá la equiparación salarial y, mucho menos, derechos para los guardias civiles.

Sé que dar esta opinión me convertirá en blanco propicio para críticas de los que tratan de esconder la realidad buscando réditos asociativos, electorales o personales, pero la libertad de expresión es un derecho fundamental al que no pienso renunciar y, mucho menos, traicionar o defraudar a miles de compañeros que están saliendo a la calle para intentar conseguir la Equiparación Salarial, no el derecho de sindicación.

Podemos abrir cualquier debate legítimo, pero la realidad en estos momentos es la que vengo mostrando. La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír, porque no todos los que te leen o escuchan piensan como tú, pero en definitiva, si no fuera de esta forma no tendríamos ese derecho. No escribo para que piensen como yo, escribo para decir lo que pienso.

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