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Osaka y Nara

"Japón siempre sorprende por sus contrastes: tras la calma de Kioto, Osaka y Nara nos recibieron con su mezcla de historia, bullicio y momentos de inesperada serenidad"

Después de los agotadores días en Kyoto nos dirigimos a Osaka, ya lo conocía de tiempo atrás pero es una de las pocas ciudades que tiene encanto a pesar de las grandes aglomeraciones. Es la tercera ciudad más grande de Japón después de Tokio y Yokohama, mirándole el lado bueno puedes encontrar rincones en la ciudad llenos de paz, e incluso silencio, en calles estrechas y santuarios escondidos. Normalmente el centro de Osaka es lo más concurrido aparte del Universal Studios de Japón en Sakurajima, una huella más que los gringos dejaron en forma de parque de atracciones en la ciudad. Aun así, los japoneses han sabido mantener un equilibrio entre modernidad y cultura, una mezcla que puede definir a la perfección a Osaka.

Los japoneses de Osaka son más abiertos en el trato que, por ejemplo, los nativos de Sapporo. Supongo que pasa como en todos los países, generalizando, el clima templa el carácter y afecta al humor, aunque siempre hay excepciones, doy fe de ello.

Fuimos a visitar el castillo de Osaka, construido en el siglo XVI, es uno de los tres castillos más importantes de Japón, fue esencial para la unificación del país. Está rodeado de un imponente parque que da oxigeno a la ciudad. Nos impresionó a primera vista, con sus tejas verde jade y los detalles dorados sobre sus inmaculadas murallas blancas. Nos anocheció a las afuera del castillo y paseamos a la tenue luz que nos ofrecía la luna de Abril.

Al dia siguiente lo pasamos haciendo pequeñas compras y callejeando. Antes del atardecer nos acercamos al Dotonbori, a sabiendas que una multitud de almas recorrían la zona comprando, comiendo en los puestos o dando un paseo en barca por el rio Dotonbori, afluente del rio Yodo que atraviesa la ciudad, que da nombre a la avenida ribereña por donde la mayoría de personas se concentran para comprar en Don Quijote, comer takoyakis en los puestos o simplemente hacerse una foto en el afamado cartel de la leche Glico. El truco está en mantenerte al margen, como en una burbuja, y quedarte solo con los pequeños detalles con los que reboza Osaka, a veces hasta el ruido desaparece…Exhaustos regresamos a la habitación que teníamos alquilada lejos del centro, en un barrio residencial sencillo pero con encanto.

Osaka necesita un mínimo de tres días, más días si te quieres recrear o hacer una visita al parque de atracciones. De todas formas Osaka siempre es una gran idea, aunque te pases de días.

Desde la estación de Shin Osaka nos fuimos a pasar el dia a Nara, un dia es suficiente para disfrutar del gran templo budista de Todai ji, es uno de los más significativos templos de Japón y alberga en su interior uno de los budas más grandes del país con una altura de quince metros. Esperamos una hora para entrar en el recinto, la cola era interminable pero viendo el lado positivo, una vez que entras has puesto a prueba tu paciencia y te llevas una incalculable lección de estoicismo. Desde lejos ya se puede ver la magnitud del templo. La entrada está escoltada por dos estatuas inmensas que representan a los reyes Guardianes Nio y de ahí al patio central y al gran edificio de madera donde alberga el gran Buda. Además en su interior se encuentra un pilar de gran anchura con un estrecho agujero en su base que, según dice la leyenda, quien logre atravesar el agujero sin ayuda alcanzará la iluminación en la próxima vida. Las colas para intentarlo eran interminables, así que optamos por volver a quedarnos en la placida oscuridad en la que estamos inmersos otra vida más, además de que mi culo amenazaba a atasco.

A la salida del gran templo paseamos por el parque con la compañía de los ciervos que hay por doquier en los alrededores. Advertí a mi hija del riesgo de darles de comer, una vez empiezas no te los quitas de encima, te persiguen aunque no te quede comida, la situación fue algo cómica, los dos corriendo tirándoles las galletas a la que están enganchados los familiares de Bambi.

Actualmente Japón tiene un problema con el turismo masivo y me consta que ya está tomando medidas pero es que ir a Japón, y más si es por primera vez, y no visitar el gran templo Todai ji en Nara o perderse por las calles de Osaka es casi un pecado. En mi caso solo las amistades que tengo me mueven a volver allí. Mi alma siempre tira para la prefectura de Kanagawa.

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