En la mañana del martes cuando me encontraba paseando por la frontera del Tarajal, tuve la fortuna de observar una escena bastante interesante.
Y comprendo ahora por qué estos hombres y mujeres de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado están bien mirados por todos.
Hacía una calor de primera categoría, ya venía siendo hora, ya que los días anteriores habíamos tenido que llevar ropa de lluvia. Aunque sea bueno para todos tanto para las personas como para nuestro medio ambiente limpiar las calles de polución y tantas cosas malas que hay hoy en día. Por ese motivo tuvo más valor la acción que se acometió entre los dos cuerpos hermanos de la Policía Nacional y la Guardia Civil.
Se sabe que cuando el calor llega a estas zonas los cuerpos se aplatanan y entra la clásica morriña y esas sensaciones de no querer hacer nada. O si hay que hacer, lo mínimo posible.
Pero vamos a la materia.
Vi a través de las rejas, por cierto bastante oxidadas y con malas pintas, que separan los carriles peatonales del paso fronterizo del Tarajal con los mismos destinados a la circulación viaria de vehículos, cómo dos policías nacionales de distintas edades (podrían estar las edades comprendidas entre los 60 del mayor y el más joven los 35, el primero más alto que el segundo), salían corriendo en dirección a la zona de control donde la Guardia Civil monta sus servicios destinados al control de lo que la Aduana les manda hacer.
Por eso le llaman Resguardo Fiscal, además de las consabidas aprehensiones de la droga y la inmigración. Decían en voz alta: “Parad a esa caravana extranjera”. No pude ver bien la placa de matrícula ya que no llevaba mis lentes en esos momentos.
Ante el aviso de sus compañeros de profesión el citado guardia civil detuvo al citado vehículo, y a la vez para esperar instrucciones de esos hombres que venían a la carrera.
Cuando estuvo a su altura escuché perfectamente: “Mira en la moto”.
Y es que detrás de la roulot iba acoplado una moto grande, la cual estaba cubierta de una lona de plástico de color gris, anclada a la misma con varios pulpos.
Al empezar a palpar la parte del sillín de la moto percibió enseguida la forma de una persona que se encontraba haciendo una perfecta conjunción de su cuerpo para disimular el máximo posible la figura del cuerpo de una persona. A simple vista yo no fui capaz de percibir nada anormal en la moto.
Con tranquilidad para, según mi observación no pudiera salir corriendo el posible ilegal, formaron un perfecto círculo para por un lado sacarlo del envoltorio, ya que podría haber muerto tanto por el calor reinante como por la falta de oxígeno regular que había en ese espacio tan reducido (yo la verdad que me eché la mano a la cabeza cuando me puse a pensar en si yo estuviera en aquel lugar el ataque de claustrofobia que hubiera tenido) y por otro no darle ninguna salida posible.
Así pudieron interceptar a una figura que rápidamente hablo diciendo: “Soy un menor”.
¡Que bien se saben la copla estos señoritos!
En apariencia era un joven delgado, con un poco de greña, de una estatura que rondaría el metro sesenta y cinco, morenillo.
Yo la verdad que le echaría tranquilamente los dieciocho años. Es decir la mayoría de edad. Los policías nacionales procedieron a su detención y entre ambos lo llevaron bien sujeto y custodiado hasta sus dependencias oficiales del Tarajal.
Una buena actuación por parte de ambos cuerpos que me proporcionaron un poco de más seguridad a mi persona.
Muchas gracias y que continuéis en estos caminos para evitar más pillastres en nuestra querida Ciudad Autónoma de Ceuta. Repito buen trabajo.






