Y seguimos para premio. Mientras Javier Guerrero continúa detenido y en los calabozos de la Guardia Civil, su equivocado equipo de prensa se dedica a utilizar su perfil personal, con su rostro e identificación, para hacer comentarios intentando convertir toda esta historia en el resultado de una maniobra política.
Puedo llegar a entender determinados comportamientos por lo complejo de la situación pero no hasta el punto al que se está llegando, intentando dar a entender que un arresto de este calado se provoca por una publicación intencionada en un digital o por los sainetes filtrados por quien, tiempo al tiempo, se va a convertir en la auténtica guillotina de Guerrero.
Los seguimientos, grabaciones, controles, fotografías y denuncias recopiladas durante meses han integrado una investigación bien alejada de lo alocado, de lo interesado, de lo maquillado. Bien alejada de todo lo que se está presentando en sociedad de forma tan esperpéntica y que es coreado con aplausos mecánicos de los mismos que mañana son capaces de hacer todo lo contrario.
En todo este espectáculo quedan actores por aparecer, quedan elementos por ocupar su papel estelar de chikilicuatre. Quizá nos esté sirviendo para reconocer el nivelón al que nos enfrentamos, el cartel de sinvergüenzas que nos queda por conocer todavía. Siempre hay tiempo y hueco para recoger esos frutos.
Las mismas asociaciones de la Guardia Civil, que salen a la palestra mediática para denunciar hasta si el sol se pone por donde no debe, algo tendrán que decir salvo que consideren que sus propios compañeros se activan como pollos sin cabeza y te montan operativos a lo Shakira, a golpe de impacto.






