Siempre sucede lo mismo. A cada desaire, a cada mensaje en torno a cómo nos ve o deja de ver el país vecino, se produce como repetición de la película más mala pero más vista un particular duelo de españoles. Se matan vivos por demostrar quién es más español y, a su vez, por reprochar los feos que uno hace o deja de hacer contra la patria. Sí, porque aquí parece que las patrias nacieron con dueños y el concepto de defensor se amolda a las tesis de unos pocos.
En el fondo es una estrategia política, pueril, pero estrategia. La españolidad algunos la miden a base de gritos, cuando en el fondo como realmente se defiende es con inversiones, con programas que atiendan como se merecen a ceutíes y melillenses hasta hacerles creer que la igualdad entre españoles realmente existe y no somos víctimas del producto descafeinado que nos suelen ofrecer a este lado del Estrecho.
Al duelo de españoles a base de pulseras, de gritos, de exigencias o incluso de anuncios de manifestaciones se suman muchos. Muchos que además no saben muy bien por qué se movilizan, simplemente ponen en marcha el disco rayado, buscan su público y alimentan los minutos de escenario político hasta el nuevo desaire o la nueva declaración.
Hay quienes incluso viven de eso, de ser más españoles que nadie a costa de este tipo de mensajes. El presidente del PP de Melilla, Juan José Imbroda, es uno de los que ocupa los primeros puestos en ese ranking. Vive de creerse el salvador de la ciudad hermana de Melilla y de todos los españoles en general, por eso a la mínima de cambio sale de paseo para extender su discurso entre quienes quieren escucharle, cada vez menos, para así justificar que es necesario en ese conglomerado de rostros que no se sabe muy bien a qué se dedican pero que no terminan nunca de marcharse de la vida pública.
Ceuta, como Melilla, solo necesitan que alguien defienda verdaderamente su españolidad haciendo sentir a sus residentes igual que un madrileño o un navarro, con los mismos medios, recursos, facilidad de acceso a una educación digna y variada, así como protección de la administración a todos los niveles y para todos. Ese es el duelo de españoles que se tiene que dar. El que realmente vale. Lo demás, la misma mala película de la que algunos viven.






