Escuchar a Asma es atender las palabras de una madre rota. Le arrebataron a su hijo y además lo hicieron de la manera más perversa posible. Lo mataron, lo ocultaron, fingieron que nada había pasado, torcieron datos simulando otra realidad para al final descubrirse la evidencia de un crimen. Asma mantiene un duelo que solo culminará cuando se haga justicia. Mataron a su hijo, Mohamed Alí, y lo tiraron “como a un perro” en el monte, denuncia. Cuenta indignada como la engañaron, como los detenidos se burlaban de ella, como también siempre sospechó que algo habían tramado aunque los implicados participaban en las batidas para la localización del adolescente.
Asma es una mujer joven, madre ante todo, que tiene que empezar un camino plagado de duras pruebas hasta conseguir que uno de los peores crímenes que se han producido en Ceuta se resuelva con una sentencia ejemplar.
El dolor de Asma puede verse a través de su mirada, interpretarse por sus palabras hasta ser imaginado por el resto. Pero hasta ahí, porque es imposible entender cómo se encuentra una madre que además se vio sola en esta lucha, peleando porque su verdad, que era la verdad, se entendiera, porque se le hiciera caso, porque no se atendieran los bulos difundidos ni se desviara la atención hacia lo que otros querían dar a entender: que el chico se había marchado de manera voluntaria.
Asma pedía, rogaba, imploraba mientras que la práctica mayoría de la sociedad no creía su historia. Ahora, con 3 personas privadas de libertad, Asma solo espera el final de esta auténtica tortura. En eso todos tenemos algo en común con ella, porque todos esperamos una resolución ejemplar de un caso que nos ha conmocionado como pocos.
Quien más quien menos ha pensado en la de veces que ha pasado por este lugar, que ha hecho senderismo por la zona de García Aldave, que ha acudido por sus inmediaciones y nada vio ni nada sospechó. Es una especie de culpa colectiva por no haber sabido antes de lo ocurrido para calmar a una madre, para que no aguantara hasta un año confiando en que se produjera la novedad que necesitaba para calmar la incertidumbre de la más absoluta falta de información.
La Policía Nacional hizo su trabajo sin descanso y Asma, agradecida con todos hasta con quienes nunca le atendieron o ayudaron, solo puede aspirar a que todo termine, a que pueda enterrar a su hijo y a que pueda aliviar esta situación que nadie se merece.
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