La atención a las personas sin hogar no es una cuestión de parcheos, aunque ya sabemos que el alcalde y su equipo acostumbran a tapar las polémicas con decisiones improvisadas. Ocurre aquí, en Ceuta, con este gobierno pero es algo extrapolable a cualquier otro. La política es así, funciona a golpe de impactos, se dé donde se dé. Con el Tarajal se ha producido uno de esos golpes encima de la mesa que ha servido para visibilizar el grave problema que hay en la ciudad con los carentes de hogar. Un problema que todos conocemos y con el que convivimos sin que exista una solución definida porque la empatía es nula. Mientras el resto tengamos un techo, una vida medianamente ordenada y un sustento económico básico, lo que le pase a los demás nos importa bien poco. Los pobres no interesan y menos aún los que tienen perdidas sus facultades mentales y terminan viviendo en la calle desprotegidos por un sistema que hace lo posible por anular al ser humano y obviarlo cuando ya no rinde. En el Tarajal tenemos a una mínima representación de personas, hombres y mujeres, que están malviviendo en infraestructuras pésimas o que sencillamente duermen a la intemperie. ¿Saben que dicen de ellos? Que no quieren que se les ayude. Una burda mentira para ocultar su deficiente política social, una manera de evitar profundizar en una acción social de importancia que no se presta como se debiera.
Ceuta nunca ha trabajado para tener un proyecto de albergue social. Cuando se construyó uno, el de Hadú, se usó para tapar las vergüenzas del abandono de la política de menores que llevó a que se tuvieran a decenas de niños en condiciones infrahumanas en la casa que cedió un militar, a donde el PP llevó a los que llamaba ‘mofetas’ en los plenos para quitarlos de las calle y que dejaran de salir en imágenes de medios nacionales esnifando pegamento y escondiéndose en contenedores. Se cargó el único proyecto con fondos externos que merecía la pena y que hubiera servido para dignificar las condiciones de muchas personas, de todos esos ‘invisibles’ que vemos por las calles porque han perdido la cabeza y en los que solo pensamos para la burla, poco más. Esas personas, que no son dueñas de su comportamiento ni estilo de vida, carecen de un lugar donde intentar reconducir el camino, tanto ellos como los que la mala vida les llevó por un camino sin solución y necesitan apoyo.
La Ciudad asegura que nadie del Tarajal se quedará en la calle. Lo que debe asegurar es que cumplirá con su deber para que nadie, sea o no del Tarajal, esté malviviendo a la vista de todos sin que se haga algo por evitarlo.
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