En este pueblo hace falta mucha memoria histórica entre la clase política. Si se dan cuenta, los unos y los otros se dedican a lanzarse acusaciones y reproches. Es como un juego vicioso teñido de mentiras en el que los espectadores, anestesiados, ni somos capaces de reaccionar y hasta cedemos al panorama que nos presentan. No es que seamos unos cobardes, como dicen algunos. Quizá es que estamos demasiado cansados para protestar, tenemos tantos problemas que nos hemos acostumbrado a vivir sencillamente así, siendo testigos de los dimes y diretes de los unos y los otros, cambiantes según el gobierno de turno.
Solo cuando se aproximan las elecciones asoman las preocupaciones y los intereses. Es entonces cuando se consigue algo, cuando se da un paso, cuando se visibiliza una acción. Dura lo que duran las campañas. Después se vuelve al mismo estado.
El pasado fin de semana tuvimos la oportunidad de asistir al mayor circo de las hipocresías políticas, con la rueda de prensa ofrecida por los parlamentarios del PP y, en concreto, con las valoraciones específicas hechas por su diputado, Juan Bravo. Que alguien que representa las siglas del Partido Popular pretenda dar lecciones de lo que se debe y no se debe hacer en la frontera es hasta insultante. Bravo se atrevió a eso, como se atreve a tantas y tantas cosas. Salió a la palestra para dar lecciones de cómo se tiene que actuar en un Tarajal que podría pasar a la historia como el punto más abandonado por su partido. Si los de ahora dan pasos de tortuga, al menos habrá que reconocer que algo hacen. Los suyos, los del partido del diputado, no hicieron nada más allá de generar riesgos y colocar la situación en zona crítica. Cuesta creer que pueda haber tanta torpeza, pero sí. La falta de memoria asoma con tal de generar una crítica porque sí.
La historia reciente está recogida en la hemeroteca, los cambios y las problemáticas formaron parte de unas crónicas que permanecen y no pueden obviarse. Ir contra corriente es querer estrellarse uno solito ante un auditorio que quizá no le responsa, que quizá ni le critique. Pero no es porque haya sido seducido por quien sabe que falta a la verdad con sus apreciaciones, sino porque está cansado, está harto y prefiere dormir ante las idas y venidas de quienes parecen contemplar esto de la vida política como un juego. Sin miramientos.






