Opinión

Olvidar las llaves

Se me olvidaron las llaves de casa y comenzó una historia llena de realismo mágico propio de García Márquez.

Cierto es que mis llaves las tienen un amigo y un vecino, pero en ese momento el vecino estaba en el trabajo y el amigo no vive a un tiro de piedra.

Tengo unas guardas en el buzón y escondo en un sitio estratégico la llave que lo abre. Cuál no sería mi sorpresa cuando comprobé que lo que las que allí estaban eran del instituto que ya las había dado por perdidas.

Terminaba de salir con mi Abby ( así la llamaron en la protectora ). Ella es mi compañera, mi amiga, mi confesora y mi paño de lágrimas.

Cerrado el parque de perros por un caso de rabia tuvimos que cambiar el circuito para que abby estirara las piernas y que también pudiera hacer el pipí y la caca de las 15 horas.

Así, viendo el buzón, comprendí mi tragedia y me puse a avisar a mi vecino.

Ahora estoy en el trabajo. Llegaré en una hora aproximadamente.

Y así, Abby y yo nos sentamos en la escalera de la entrada y esperamos con la paciencia estoica de la que suelo hacer uso cuando los acontecimientos son los que son y hay que controlar las emociones.

"Mi perra miraba de soslayo, con ojos de búho mientras en algunas ocasiones ladraba, en otras se desperezaba y abría la boca no sé si de hambre o sueño"

La perra entendió sin entender nada que la rutina cotidiana no sería la misma de todos los días y que tendría que esperar. No sé el concepto del tiempo que tienen los canes pero creo que se amoldan a las decisiones de sus amos; o bien porque no les queda otra o bien porque intuyen que algo pasa y lo mejor es hacerse a una situación que no es la habitual.

En esa hora conocí a muchos vecinos, algunas mascotas, a un fontanero, un repartidor de pizzas, al cartero, a un funcionario del ayuntamiento que venía a entregar un aviso, un técnico de antenas de TV, a dos operarios de la ambulancia para recoger a un paciente, cuatro perros de la finca, a tres padres con sus respectivos hijos que salían del colegio Beatriz de Silva, un electricista, dos trabajadores de la empresa de ascensores y una pareja de testigos de Jehová.

Mi perra miraba de soslayo, con ojos de búho mientras en algunas ocasiones ladraba, en otras se desperezaba y abría la boca no sé si de hambre o sueño.

Respondí a qué me había pasado 14 veces a las 14 personas que me preguntaron. Me ofrecieron de todo: comer en su casa, caramelos, un abanico, un trozo de salchicha para Abby, una lata de cerveza, una botella de agua y un Sandwich mixto de jamón y queso que no pude rechazar por más " no se preocupe " que salieron de mi boca.

Opté por la opción de ir a casa de mi amigo Pedro Toro Almagro que me había preparado un potaje en la Termomix por si no tenía tiempo para preparar la comida; también me metió en la bolsa unos langostinos cocidos, dos flanes, pan casero, mojama, un limón y un café cartucho de pipas

Cuando volví mi vecino había llegado del trabajo pero el tema de las llaves estaba solucionado.

Nunca habría pensado que olvidar las llaves es una oportunidad de socialización. Y es que no hay mal que por bien no venga.

Y así, abrazado a mi Abby comimos los dos y mientras la abrazaba, escribí este Cañonazo.

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