Pocos peros se le pueden poner al procedimiento que está siguiendo Emvicesa de manera ejemplar, con su gerente a la cabeza, Kissy Chandiramani, para adjudicar la polémica promoción de Loma Colmenar. El Gobierno prometió transparencia y la habrá hasta en los bombos de metacrilato del sorteo.
Tras el cierre del plazo de las alegaciones ahora queda lo más complicado, que es publicar la lista definitiva de aspirantes, realizar el sorteo, adjudicar las casas y entregar las llaves, algo que en cualquier caso no se hará hasta finales de año. Serán poco más de 200 las viviendas para más de 1.700 familias que aspiran a ellas, por lo que no lloverá, como suele ocurrir, a gusto de todos. Con eso se cuenta, aunque ello no imlique que la Ciudad ha cumplido con su compromiso de que la adjudicación sea clara, precisa, objetiva y transparente. No planeará, como lamentablemente ha ocurrido hasta ahora en estos últimos tiempos, la sombra de la sospecha cuando se trataba de una promoción promovida por esta empresa municipal. Corren nuevos tiempos en Emvicesa, una nueva etapa que poco tendrá que ver con la anterior. Ahora lo que toca , y lo que no se puede dejar a un lado, es conocer qué pasó, por qué se filtró la lista que no era y a quién le benefició el escándalo.





