Es cierto que existe un retraso en la acomodación de la antigua Facultad de Educación y Humanidades para que se convierta en un centro de educación infantil y primaria.
Pero al final las licitaciones son complicadas y más en estos momentos en los que las empresas que se presentan ponen encima de la mesa ofertas muy por debajo de los precios que figuran en el concurso y al final se pierde tiempo, como es lógico, en que la empresa adjudicataria presente informes que justifiquen esas bajas. De todas maneras, se van acortando los tiempos y para finales de septiembre contaremos con un nuevo centro preparado con dieciocho aulas. La Ciudad va a dar todos los pasos necesarios para tener contratados a todo el personal que les corresponde por la ley, en la mano del Ministerio de Educación estará en decidir si abre el nuevo colegio en los primeros días de enero, después de las vacaciones de Navidad o prefiere esperar unos meses más y no comenzar hasta septiembre de 2016-17. Lo importante de esta inversión es que no se está vendiendo humo, que hay un retraso cierto, pero que al final nos encontraremos con una infraestructura educativa que permitirá que más de setecientos cincuenta ceutíes cuenten con plaza escolar. Lo mismo sucede con el otro centro que se construye en el Polígono Avenida de Africa. La realidad es la realidad y muchas veces hay que someterse a ella.





