Ha ocurrido lo que todos temíamos. Habrá nuevas elecciones y las habrá el 10 de noviembre ante la imposibilidad de alcanzarse un acuerdo entre los partidos. Desde las últimas generales se han pasado los meses buscando acercamientos, proponiendo pactos que no han sido sino una burla para todos. El anuncio de elecciones no es más que un fracaso real de la clase política. Serán las del día 10 las segundas en siete meses y las cuartas en cuatro años. ¿Qué país puede permitirse esto? Somos peor que Italia en sus tiempos, somos un ejemplo de desequilibrio político y de falta de líderes con el talante necesario para sacar adelante un país y formar gobierno.
Los españoles estaremos llamados a votar otra vez el 10N, tendremos que vivir, en días, una nueva campaña política que suena ya a mofa. Ya no hay que tener solo en cuenta el gasto que va a suponer la puesta en marcha de esta maquinaria electoral, sino la sensación que se nos queda a todos de ver cómo un país no se puede poner de acuerdo, de cómo tenemos unos líderes políticos sin peso ni carácter como para dotar de gobernabilidad a un país que de nuevo queda estancado.
No. No es una buena noticia que haya otra vez elecciones generales. Ni los propios partidos son capaces de asumir su culpa en este imposible rompecabezas y ayer, tras el anuncio de elecciones, se dedicaban a acusarse unos a otros de su inacción. ¿Esto es lo que nos espera?, ¿una campaña de críticas, de bloqueos, de acusaciones?
Todo se reduce a intereses de unos pocos en detrimento del bienestar y tranquilidad del resto de ciudadanos que llevan años conviviendo en un país marcado por el inmovilismo. Nos deparan semanas de infarto, de acusaciones, de una política dura que no va a perseguir mostrar proyectos a los españoles sino afear la gestión del otro.
Esto, se mire por donde se mire, no hay quien lo soporte. Seguimos esperando proyectos, obras, realización de medidas... seguimos esperando culminación de promesas imposibles dada la situación de inestabilidad -mala para todos- que sufre el país. Se pone en marcha otra campaña electoral, otro espectáculo absurdo de dimes y diretes, de visitas, de mensajes políticos que ya no calan. Los ciudadanos no se merecen esto.






