Un grupo de 60 subsaharianos, entre ellos dos mujeres, de Guinea Conakry y Costa de Marfil, partió ayer con destino a la Península después de permanecer en Ceuta entre tres y cinco meses.
Numerosos amigos se concentraron en el Puerto para despedirse de los que se iban, la mayoría de ellos a Granada. Abrazos, sonrisas y lagrimas era lo habitual en la zona de embarque. Muchos esperaban impacientes este momento y hasta el último minuto aprovechaban para hacerse fotos, recordar momentos vividos en la ciudad, darse los últimos consejos y, sobre todo, agradecer a los voluntarios que los han atendido en nuestra ciudad y apoyado para que su paso por Ceuta y su estancia lejos de su país y su familia y amigos fuera más llevadera.
Ahora comienza para ellos una nueva experiencia que no es todo lo fácil que pueda parecer. Ante ellos se abre un nuevo proceso y una adaptación a una nueva vida y un idioma que aún no dominan. “Lo importante es que la asociación que los acoja les ofrezca la posibilidad de aprender español, pero no todas lo hacen y no todos tienen la disposición ni el estado anímico para ir a clases. El que no lo ha recibido aquí, poca intención va a tener allí y entonces es duro. La integración es dura y muchos terminan sólo moviéndose entre sus compatriotas. Por eso es importante el trabajo que se hace aquí con ellos, el mentalizarlos de que tienen que formarse e intentar aprender español”, explica la coordinadora del Centro de San Antonio, Maite Pérez.
Dansoko. Guinea Conakry
Llegó a Ceuta después de un trayecto de un año y tres semanas a pie recorriendo Mali, Argelia y Marruecos. Ayer su sueño de vivir en la Península se hacía realidad. Su destino: Granada, donde espera encontrar un trabajo y dejar atrás las penas vividas en su país de origen. “No hay un buen gobierno, la situación no es nada fácil”.
Elvis. Costa de Marfil
Con tan solo 20 años, se marchó a la aventura intentando encontrar una vida mejor en España. “Mi familia dependía de mí, pero en mi país no hay trabajo”. Llegó en una de las tantas pateras que pisan territorio español y su sueño es convertirse en “un gran jugador profesional de fútbol”.
Aliou Yussef. Guinea Conakry
Lleva cinco meses en Ceuta y busca “una vida tranquila y una experiencia europea”. De su país sólo puede decir que la población “lo pasa muy mal y que la política es la causa de que todos quieran irse, de cualquier etnia, religión o región”. Su objetivo es encontrar trabajo “para no volver a Guinea Conakry”.
Abdelmumin. Bangladesh
Entre los que estaban en el Puerto, Abdelmumin era uno de los que despedía a sus amigos que partían con destino a la Península. Lleva dos meses en Ceuta y es uno de los diez bangladesíes que residen en el CETI. “Allí la economía y la política es muy mala. Vine hasta Marruecos y después llegué aquí para buscar una vida mejor”.
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