La historia envuelve a
Pero parece ser que el barrio procede de dos personajes. Uno de ellos, un penitente francés que fundó un hospital para leprosos en Burgos. El otro es San Mauro de Anjou, que instauró el primer monasterio benedictino de la historia de Francia.
Aún quedan vestigios de ese pasado histórico. Del fuerte del siglo XVIII que se sitúa en pleno borde del litoral ubicado en un saliente con orientación norte sur. Ahí se levanta este pequeño Fuerte de Artillería de costa destinado a la vigilancia de la cala y playa de San Amaro. Situado al borde de la playa, fue construido en la segunda mitad del siglo XVII el castillo de San Amaro durante el mandato de Sebastián González de Andía, Marqués de Valparaíso, quien gobernó la plaza de Ceuta desde 1692 a 1695. Con posterioridad entre 1707 y 1714 se hicieron importantes reformas y se instaló una poderosa batería de costa.
Es uno de los restaurantes con más tradición, no sólo en San Amaro, sino en toda la ciudad. Hablar del ‘Bar Navarro’ es hacerlo de un delicioso pescado de calidad y de un marisco tan fresco que se puede comprobar en la vitrina de la barra. Son 25 los años que avalan a este negocio familiar regentado por Juan José Navarro en el que también trabaja su hijo, Juan José. “Intentamos tener siempre un buen producto, a buen precio y tenemos una clientela selecta”, explica. Asegura que el “éxito” del negocio son sus patatas bravas, pero también tienen el plato estrella o mariscada al Navarro , “es muy completo porque lleva casi todo el marisco que hay en plaza, es un plato muy exigente”.
En opinión de Juan José su establecimiento ha conseguido “infundir vida” al barrio y se ha posicionado como uno de los referentes que atraen a ciudadanos de toda Ceuta e “ilumina” las noches oscuras y solitarias que se suceden a lo largo de la carretera de San Amaro.
Sobre la barriada dice que “es muy buena y tranquila”, aunque asegura que faltan “zonas de aparcamiento”. Además se lamenta que el parque de San Amaro “está algo dejado, los niños vienen, se aburren y terminan yéndose a la Marina. Tendrían que hacer algo para los niños porque no hay nada. Está muy bonito pero ha perdido su esencia de toda la vida”.
Antonio nació hace 42 años en San Amaro y se niega a abandonar sus orígenes. No es el único. Asegura que todavía se puede respirar ese ambiente de barrio de toda la vida, que en muchas otras zonas se ha perdido, pero que este pequeño núcleo de casitas sigue concentrado con la misma intensidad que hace varias décadas. “Aquí la infancia era infancia y lo sigue siendo”.
Quizá sea ese el motivo que provoca que antiguos vecinos deseen regresar a su hogar. “Son muchos los que se pasan a preguntar por casas que estén vacías, porque aquí se vive bastante bien”, comenta. Antonio apenas ha perdido el contacto con sus amigos de toda la vida. “Los que no viven aquí vienen a menudo, y es que este barrio une”.
Corría el año 1974 cuando abrió el que se convirtió en una parte del corazón del barrio y que ahora ostenta el título de lugar emblemático de San Amaro. Siguiendo la carretera y a unos metros de la barriada propiamente dicha, se bifurca una pequeña vía en la que antiguamente se encontraba el acceso a la playa.
Allí, frente al ‘Bar Navarro’, por entonces inexistente, se erigía una pequeña edificación que, hoy, vestida de gris aún conserva un cartel que reza ‘Bar Antoñete’. Aunque su actividad cesó por el año 99, esa placa remueve el recuerdo de todos los vecinos y, sobre todo, de su antigua propietaria. “Es en recuerdo a mi padre, que falleció, y mi madre no quiere quitarlo”, explica Antonio, su hijo.
Él fue uno de los tantos niños y adolescentes que se reunían para echarse “un billar o un futbolín”, como rememora cargado de añoranza Manuel Díaz, presidente de San Amaro. “Esto era más que un bar. Fue el principal lugar de reunión del barrio durante décadas”, comenta Antonio.
Al carecer de un local social, el ‘Bar Antoñete’ ejerció tal función, pero no solo para San Amaro, sino para todas las zonas limítrofes. “Venía mucha gente de fuera, de todas las barriadas, porque en la década de los 70 apenas había locales destinados a la hostelería de aquí a Azcárate. Estaba el bar de mi padre, ‘El Retiro’ y ‘La Viña”, señala Antonio. Treinta décadas doradas para un lugar que, aún cerrado, se sigue venerando con el recuerdo.
Otro de los emblemas de la zona es el parque de San Amaro. El parque y la barriada existen en Ceuta desde mediados del siglo XVII, aunque el parque no fue construido hasta comienzos del XIX. Desde las puertas de entrada, que representan los vientos de Levante y Poniente, discurre un paseo ligeramente ascendente y ajardinado.
El paseo asciende hasta la ermita de San Antonio desde donde parte un sendero que bordea el monte y desde donde se disfruta de unas magníficas vistas. Era la parte final de un paseo que venía desde las antiguas baterías de ‘Las Balsas’, y servía para subir a la ermita de San Antonio.
Es la playa de muchos ceutíes pero, sobre todo, de ellos, de los vecinos, que no conciben la vida sin esos vientos de Poniente y el olor a mar que se inmiscuye entre sus calles y rincones. Sin embargo arrastra una lucha constante para que el baño y disfrute pueda estar a la altura que en el resto de playas de la ciudad.
“Por suerte ha mejorado mucho con respecto a hace años. Si bien es cierto que hemos luchado para tener una playa en condiciones, hemos avanzado y casi disponemos de las mismas facilidades que gozan en otros lugares”, explica Díaz.
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